Donald Trump volvió a arremeter contra España este fin de semana a través de su red social Truth, asegurando que las cifras económicas del país son "absolutamente desastrosas" y añadiendo que su aportación a la OTAN es prácticamente nula. El problema es que los datos disponibles cuentan una historia muy distinta.
La semana pasada, el Fondo Monetario Internacional actualizó sus previsiones económicas globales y situó a España como uno de los países desarrollados con mayor crecimiento esperado tanto para 2025 como para 2026. Según esas proyecciones, España encadenará cinco años consecutivos liderando el crecimiento del PIB entre los socios de la Unión Europea, una racha que ninguna otra gran economía del bloque puede igualar en este momento.
El mercado laboral refuerza ese cuadro. En marzo, España registró la creación de 211.510 nuevos puestos de trabajo, el mejor dato para ese mes desde que existe la estadística de afiliación a la Seguridad Social. El total de afiliados superó los 22 millones por primera vez en la historia, un récord que los analistas internacionales citan habitualmente como señal de la fortaleza de la economía española en los últimos años. No son cifras que describan un país al borde del abismo, sino todo lo contrario.
El debate sobre el gasto en defensa
La otra parte del mensaje de Trump apunta a la contribución española a la OTAN, a la que califica de insuficiente. Aquí el contexto también importa. El verano pasado, los países miembros de la Alianza Atlántica pactaron elevar el objetivo de gasto en defensa del 2% al 5% del PIB. El Gobierno de Pedro Sánchez no rechazó el compromiso, pero dejó claro que no alcanzaría esa cifra: considera que puede cumplir los objetivos operativos de la Alianza con un presupuesto algo superior al 2% del PIB, lo que equivale a unos 35.000 millones de euros anuales. Sánchez se desmarcó del acuerdo colectivo, pero garantizó el cumplimiento de las obligaciones adquiridas individualmente.
Ese pulso sobre el gasto militar no es exclusivo de España. Varios socios europeos de la OTAN mantienen debates similares sobre cómo distribuir el esfuerzo presupuestario, y la presión de Washington para elevar las aportaciones viene de administraciones anteriores a la de Trump. Lo que sí es nuevo es el tono y la vía elegida: un mensaje en redes sociales con datos que no se sostienen.
El momento político del ataque
El mensaje de Trump no llegó en un momento cualquiera. Este fin de semana, Madrid acoge en Barcelona una cumbre internacional convocada por el Gobierno español bajo el paraguas de la defensa de la democracia. Al encuentro han acudido líderes de diferentes tradiciones progresistas: el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, la mexicana Claudia Sheinbaum, el colombiano Gustavo Petro y el sudafricano Cyril Ramaphosa, entre otros. La imagen de unidad que ha proyectado la cumbre coloca a España en el centro de un bloque que se presenta explícitamente como alternativa al rumbo marcado por la Administración Trump.
La coincidencia en el tiempo no parece casual. Pocas horas antes de la publicación del mensaje sobre la economía española, Trump ya había compartido una información de la cadena CBS que se hacía eco de una exclusiva publicada por El País sobre la decisión del Ejecutivo de Sánchez de cerrar el espacio aéreo español a los aviones militares estadounidenses que realizan misiones relacionadas con Irán. "No han estado ahí para nosotros", escribió entonces el presidente republicano. El cierre del espacio aéreo y la cumbre de Barcelona sitúan a España en una posición de distancia explícita respecto a Washington, y Trump ha respondido en consecuencia.
Qué dicen los números reales
Más allá de la confrontación política, los datos económicos son los que son. Según las previsiones del FMI publicadas esta semana, España crece por encima de la media europea, su mercado laboral marca máximos históricos de empleo y los analistas internacionales la ponen como ejemplo de recuperación sostenida. Que Trump describa ese escenario como un desastre no altera las cifras, pero sí revela que el ataque tiene más de geopolítica que de análisis económico.
La pregunta que queda en el aire es si este tipo de presión pública acabará afectando a las relaciones bilaterales entre España y Estados Unidos en un momento en que el Gobierno de Sánchez se posiciona cada vez más abiertamente como contrapeso al trumpismo en el tablero internacional.