En vivo
Buscar

Ormuz en jaque: riesgo real de crisis alimentaria

El cierre del estrecho dispara el precio del gas, frena la producción de fertilizantes y amenaza la seguridad alimentaria global.

Por Carlos García·miércoles, 22 de abril de 2026·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: Ormuz en jaque: riesgo real de crisis alimentaria · El Diario Joven

El estrecho de Ormuz, esa franja de agua de apenas 33 kilómetros de anchura entre Irán y Omán, mueve cada día cerca del 20% de las exportaciones mundiales de petróleo y gas natural licuado (GNL), además de aproximadamente un tercio del comercio marítimo de fertilizantes. Cuando esa vía se cierra o se restringe, las consecuencias no se limitan a los precios de la energía: llegan hasta los campos de cultivo y, tarde o temprano, hasta los lineales de los supermercados.

Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán a finales de febrero, el flujo de GNL a través del estrecho se ha reducido de forma significativa. Pablo Galante Escobar, director de GNL de Vitol, una de las mayores empresas de trading energético del mundo, lo resumió con claridad durante la Cumbre de Materias Primas del Financial Times celebrada en Lausana: "Nos enfrentamos a una situación crítica". Según sus datos, alrededor del 40% de la caída en la demanda de gas registrada desde entonces procede directamente de las fábricas, y en especial de las plantas de fertilizantes nitrogenados, que utilizan el gas natural como materia prima esencial para producir amoniaco.

Por qué los fertilizantes son la clave

La conexión entre gas natural y fertilizantes no es accidental. Los fertilizantes nitrogenados, indispensables para mantener los rendimientos agrícolas modernos, se sintetizan a partir del amoniaco, y el amoniaco se fabrica combinando nitrógeno atmosférico con hidrógeno extraído del gas natural mediante el proceso Haber-Bosch. Cuando el gas escasea o se encarece, las plantas de fertilizantes reducen producción o directamente cierran. El efecto se traslada al campo con un retraso de varios meses, justo el tiempo que tarda en llegar la siguiente temporada de siembra.

Galante Escobar fue directo: si la situación no se corrige, "la crisis energética se convertirá en una crisis alimentaria". La menor disponibilidad de fertilizantes reduce el rendimiento de los cultivos y eleva los precios de los alimentos en las temporadas siguientes. No es una hipótesis lejana: ya ocurrió en 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania disparó los precios del gas europeo y provocó paradas en plantas de fertilizantes de todo el continente, encareciéndolos hasta niveles históricos.

Los fletes agravan el problema

La disrupción no se queda en los fertilizantes. La guerra en Oriente Próximo y el posterior bloqueo naval estadounidense del Golfo están reordenando las rutas comerciales globales con consecuencias inesperadas. Los compradores asiáticos, al no poder acceder con normalidad a los suministros de Oriente Medio, están recurriendo al crudo del Golfo Pérsico exportado por otras vías, lo que ha incrementado la congestión en el Canal de Panamá. Los petroleros, que pagan millones de dólares para saltarse las colas, están desplazando a los graneleros que transportan cereales y otros productos agrícolas.

Louisa Follis, responsable de análisis de carga a granel en la consultora marítima Clarksons, cifra el impacto: algunas rutas de cereales ya han visto aumentar sus tarifas de flete entre un 50% y un 60%, con tiempos de espera en el Canal de Panamá que se extienden hasta 40 días. Para los agricultores estadounidenses, que ya compiten en desventaja frente a productores más baratos como Brasil, este encarecimiento logístico comprime aún más sus márgenes y dificulta el acceso a los mercados emergentes donde podrían vender su producción. El mayor coste del combustible marino obliga además a reducir la velocidad de los barcos, lo que disminuye la capacidad efectiva disponible en los mercados de carga seca a granel. "Esto está generando ineficiencia en el sistema en su conjunto", resume Follis.

El mercado no ha descontado el peor escenario

Quizá el aviso más preocupante llegó de Vijay Chakravarthy, director de riesgos de Louis Dreyfus Company, una de las mayores comercializadoras agrícolas del planeta. Su diagnóstico es que los inversores y los mercados siguen apostando por un conflicto de corta duración y, por tanto, no han incorporado en los precios el impacto de una interrupción prolongada. "Nadie está preparado para ello", afirmó, advirtiendo que seis meses más de disrupciones podrían afectar al ciclo agrícola de 2027.

Chakravarthy señaló además otro frente abierto: la competencia por el azufre, otro insumo crítico para los fertilizantes, que está siendo desviado hacia usos industriales de mayor valor añadido como la fundición de cobre. Esto deja a los fabricantes de fertilizantes en una posición de doble desventaja: menos gas y menos azufre disponibles al mismo tiempo.

El escenario se complica si se tiene en cuenta el factor geopolítico más difícil de modelizar: la respuesta de los gobiernos. Ante la incertidumbre sobre el suministro, varios países podrían comenzar a acumular reservas estratégicas de cereales y fertilizantes. Ese comportamiento, racional desde el punto de vista de cada nación, reduce la disponibilidad global y dispara los precios, golpeando especialmente a las economías más dependientes de las importaciones alimentarias, muchas de ellas en África y Asia. "Todos sienten que su soberanía se ve comprometida de alguna manera en la cadena de suministro", concluyó Chakravarthy.

La paradoja es que, por ahora, los mercados de cereales muestran una relativa abundancia global. Pero esa holgura actual puede ser engañosa: los efectos de la falta de fertilizantes sobre las cosechas no se materializan de inmediato, y cuando lleguen, la ventana para reaccionar será mucho más estrecha.

Compartir:XFacebookWhatsAppEmail

Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

También te puede interesar