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Treinta años invirtiendo: solo dos eventos cambiaron todo

Un gestor de carteras repasa su carrera y concluye que ni guerras, ni crisis fiscales, ni valoraciones extremas han movido los mercados tanto como dos hechos concretos.

Por Carlos García·lunes, 13 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: Treinta años invirtiendo: solo dos eventos cambiaron todo · El Diario Joven

Guerras, crisis de deuda, quiebras bancarias, burbujas tecnológicas. En tres décadas gestionando carteras, un veterano inversor ha visto pasar de todo y llega a una conclusión que desafía la intuición: casi nada de eso importó de verdad para la rentabilidad. Solo dos acontecimientos han tenido un impacto estructural real sobre los mercados y la economía global.

La reflexión parte de una pregunta incómoda que el propio autor se plantea. Después de años argumentando que la geopolítica es irrelevante para los precios de los activos, ¿hay algo que sí haya marcado una diferencia? Las crisis asiática y rusa de finales de los 90, el efecto 2000, la Gran Recesión o la crisis del euro son ejemplos de sucesos que generaron pánico en su momento, pero que a largo plazo apenas dejaron huella en la rentabilidad de los inversores. Los bancos estadounidenses, por cierto, presentarán beneficios récord en los próximos días.

El primer hito: China entra en el comercio mundial

El primero de esos dos factores decisivos fue la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001. Su incorporación al sistema comercial global desencadenó el mayor ciclo de consumo de materias primas de la historia: en su momento de mayor apogeo, China absorbía la mitad de la producción mundial de cobre, aluminio, cemento y mineral de hierro. Países exportadores de recursos como Australia experimentaron un crecimiento sostenido que pocos habían anticipado.

Al mismo tiempo, la producción masiva china abarató de forma drástica bienes de consumo como electrónica, juguetes o muebles. Occidente importó a gran escala y acumuló déficits comerciales históricos con Pekín. El excedente de ahorro resultante, sobre el que economistas como Martin Wolf llevan años escribiendo en el Financial Times, fue uno de los motores detrás de la caída sostenida de la inflación y los tipos de interés durante décadas. Una era dorada para los inversores en bonos y crédito.

El segundo hito: la pandemia y sus consecuencias aún abiertas

El segundo factor es la pandemia de covid-19, aunque con un matiz importante: sus efectos más profundos todavía no se han materializado del todo. Los gobiernos de todo el mundo contrajeron niveles de deuda sin precedentes para financiar los programas de ayuda. Solo en Estados Unidos, el gasto destinado a paliar la crisis sanitaria superó los cinco billones de dólares, más de diez veces lo desembolsado durante la crisis financiera de 2008.

En muchos países occidentales, los ratios de deuda neta sobre PIB serían aproximadamente un 20% menores si la pandemia no hubiera ocurrido. Si los mercados de deuda soberana acabaran sufriendo una corrección severa, ese periodo de gasto sin restricciones cargaría con una parte importante de la responsabilidad. El problema añadido es político: tras recibir ayudas masivas, los ciudadanos esperan ahora que los gobiernos los protejan de cualquier adversidad, lo que dificulta enormemente acometer reformas estructurales en los sistemas de bienestar.

Tres décadas observando los mercados llevan a una conclusión paradójica: lo que parecía urgente rara vez fue determinante, y lo que transformó de verdad la economía global fue, en un caso, una decisión burocrática sobre comercio internacional, y en otro, un virus. La tercera gran disrupción, si llega, probablemente también sorprenderá a todos.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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