Meliá Hotels International, mediante su filial portuguesa Ilha Bela, ha decidido poner fin de forma inmediata a la gestión y comercialización de 15 hoteles en Cuba. Esta medida responde a las presiones ejercidas por la Administración estadounidense y a la aguda escasez de combustible que afecta a la isla.
La decisión, informada anticipadamente el 26 de mayo y comunicada hoy a la Comisión Nacional de Mercados y Valores (CNMV), afecta exclusivamente a hoteles ligados al Grupo Gaviota, con el objetivo de garantizar una operación mínima y ordenada acorde con la responsabilidad empresarial de Meliá.
Entre los establecimientos cesados se encuentran algunos emblemáticos como el Gran Hotel Bristol Habana Vieja, Meliá Cayo Santa María, Paradisus Princesa Mar y Sol Varadero Beach, en total quince. La mayoría de ellos permanecían cerrados por los problemas energéticos y la caída del turismo que sufre Cuba desde hace meses.
Meliá ha señalado que el impacto económico de esta retirada es limitado dado que gran parte de estos hoteles no estaban operativos. No obstante, ha comenzado a implementar protocolos para una desafiliación ordenada, buscando mantener la transparencia con proveedores y clientes durante este proceso crítico.
La cadena española opera en Cuba desde 1990 y es la principal empresa hotelera española en la isla, con 35 hoteles inicialmente. De estos, casi la mitad estaban involucrados en la alianza con Gaviota, el grupo estatal cubano relacionado con el sector turístico. Esta relación se ha visto tensada por el incremento del bloqueo comercial impuesto por Estados Unidos y las dificultades logísticas para obtener combustible, esenciales para mantener la operativa hotelera y turística.
El presidente de Meliá, Gabriel Escarrer, había manifestado en febrero que la intención no era retirarse de Cuba, aunque ya entonces la falta de combustible llevó al cierre temporal de varios hoteles para optimizar recursos. Sin embargo, la situación ha empeorado porque el bloqueo estadounidense ha limitado el suministro de combustible de aviación y la conectividad aérea con Cuba, incluso desde Canadá, históricamente uno de sus principales mercados emisores de turistas.
Esta circunstancia ha provocado una caída notable en la ocupación hotelera, que se redujo a la mitad comparado con periodos anteriores, y un deterioro significativo en los indicadores económicos de la cadena en el país.
Por su parte, Iberostar, otro gran grupo hotelero español que también tenía una fuerte presencia en Cuba desde 1993, ha tomado una decisión similar. Recientemente, notificó a sus touroperadores el cese de operaciones y comercialización de 12 hoteles en la isla, en respuesta a las normativas regulatorias internacionales y para preservar estándares de calidad y cumplimiento.
Este contexto se enmarca en una mayor presión de Washington para limitar el turismo en Cuba, especialmente en propiedades ligadas a entidades estatales, complicando así la estabilidad y futuro del sector turístico cubano que depende en gran medida de las inversiones y gestión de cadenas extranjeras.
El impacto en la economía cubana es significativo, pues el turismo constituye un pilar esencial para su ingreso de divisas y generación de empleo, y la retirada de estas grandes hoteleras amenaza con profundizar la crisis actual.
La situación también refleja las tensiones geopoliticas actuales en la región y la influencia del bloqueo económico estadounidense, que ha cobrado una especial relevancia en el sector turístico, afectando tanto a operadores como a viajeros.
Ante estas dificultades, la continuidad del turismo en Cuba dependerá en gran medida de la flexibilización del entorno regulatorio internacional y de la mejora en la situación energética del país, aspectos que hoy por hoy siguen siendo inciertos.
Para más detalles, puede consultarse el comunicado oficial de Meliá en la CNMV y los informes sobre el impacto del bloqueo en el turismo cubano en fuentes especializadas.