Los embajadores de Israel y Líbano en Estados Unidos se sentaron este martes por primera vez en décadas frente a frente en la sede del Departamento de Estado en Washington. La reunión, de unas tres horas de duración, es la primera conversación directa entre ambos países desde la fundación del Estado de Israel en 1948, y fue mediada por el secretario de Estado Marco Rubio. Aunque el encuentro fue calificado de preliminar, su carga simbólica resultó evidente: Israel y Líbano carecen de relaciones diplomáticas formales y han vivido décadas de conflicto intermitente.
El portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, confirmó al término de la reunión que ambas partes han acordado volver a encontrarse en una fecha y lugar aún por determinar. El embajador israelí, Yechiel Leiter, trasladó a los medios que el Gobierno libanés le comunicó que no desea seguir siendo "ocupado" por Hezbolá, y que ambas naciones hablaron de trabajar conjuntamente en materia de seguridad y en la delimitación formal de su frontera común, que actualmente carece de un trazado reconocido por las dos partes.
Rubio fue claro en su valoración del encuentro: para el jefe de la diplomacia estadounidense, la reunión representa una oportunidad para poner fin a "20 o 30 años de influencia de Hezbolá" en el Líbano y en la región. Subrayó además que el objetivo no es solo alcanzar un alto el fuego, sino avanzar hacia una solución de fondo. "Esto será un proceso; todas las complejidades no se resolverán en unas pocas horas", advirtió. Rubio también recordó que el pueblo libanés ha sido víctima tanto de Hezbolá como de la presión iraní, y que cualquier acuerdo duradero debe abordar ese doble problema.
La jornada diplomática contrastó, sin embargo, con la realidad sobre el terreno. Ese mismo martes, las fuerzas israelíes lanzaron nuevos ataques en el sur del Líbano que causaron al menos 35 muertos y 159 heridos, según datos del Ministerio de Salud Pública libanés. El mismo organismo eleva el balance acumulado desde el inicio de las operaciones a más de 2.100 fallecidos y casi 7.000 heridos, incluyendo 168 menores muertos y 88 sanitarios asesinados.
Trump apunta a Pakistán para reanudar el diálogo con Irán
En paralelo a los contactos israelo-libaneses, el presidente Donald Trump sugirió en una entrevista con el New York Post que las conversaciones con Irán podrían retomarse en los próximos dos días, con Islamabad como sede probable. Las palabras de Trump llegan apenas una semana después del alto el fuego alcanzado entre Washington y Teherán, y un día después de que la Marina estadounidense iniciara un bloqueo en el estrecho de Ormuz. El secretario general de la ONU, António Guterres, respaldó la perspectiva de una reanudación de los contactos, calificando de "muy probable" que las negociaciones vuelvan a arrancar, aunque insistió en que no existe solución militar a este conflicto y reclamó el respeto a la libertad de navegación en Ormuz.
Precisamente sobre el bloqueo en el estrecho, el Comando Central de Estados Unidos aseguró que ningún barco había cruzado el corredor en las últimas 24 horas. Sin embargo, datos de rastreo de navegación contradicen esa afirmación: al menos tres petroleros vinculados a intereses iraníes y chinos —dos de ellos bajo sanciones estadounidenses— lograron atravesar el paso marítimo durante la jornada.
Presión internacional y condena cruzada
En el plano multilateral, los ministros de Exteriores de 18 países, entre ellos España, Francia, Reino Unido y Alemania, publicaron un comunicado conjunto en el que reclaman la inclusión de Líbano en el actual alto el fuego y condenan tanto los ataques de Hezbolá contra Israel como los bombardeos israelíes sobre territorio libanés. El documento también hace referencia a las bajas sufridas por miembros de la UNIFIL, la fuerza de interposición de la ONU en la zona, entre ellas la muerte de un soldado por fuego de artillería israelí.
Desde el Consejo de Seguridad de la ONU, el representante de Yemen, Abdullah Ali Fadhel Al Saadi, denunció la "injerencia iraní" en su país mediante financiación y apoyo a milicias, y rechazó que Yemen haya sido arrastrado a un conflicto ajeno. Los hutíes, grupo chií respaldado históricamente por Teherán, se involucraron en el conflicto en apoyo a Irán tras el inicio de las operaciones militares de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero.
En Israel, el ministro de Exteriores Gideon Saar descartó que el país deba buscar el respaldo internacional a sus operaciones militares y rechazó las críticas internas del líder opositor Yair Lapid, quien tildó de "fracaso" la política exterior del Gobierno de Netanyahu tras la suspensión por parte de Italia de un acuerdo de cooperación en defensa vigente desde 2005. El escenario regional permanece, por tanto, en una situación de alta tensión: negociaciones abiertas en varios frentes, combates activos sobre el terreno y un alto el fuego con Irán cuya solidez aún está por demostrar.