El mercado financiero español abre la jornada sin dirección clara. El Ibex 35 oscila en torno a los 18.142 puntos, el nivel al que cerró la sesión anterior, incapaz de encontrar un impulso mientras los inversores digieren la situación en Oriente Próximo. El alto el fuego entre Estados Unidos e Irán se mantiene en pie gracias al anuncio de Donald Trump de ampliar la tregua, pero las negociaciones diplomáticas siguen completamente bloqueadas. Esa parálisis es la que dicta hoy el estado de ánimo de los mercados.
El quid de la cuestión está en el Estrecho de Ormuz. El tránsito por este corredor estratégico, por el que circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial, permanece interrumpido o fuertemente comprometido desde que estalló el conflicto. Mientras no haya un acuerdo que normalice esa vía, el precio del crudo seguirá sometido a una presión constante. El barril de Brent, la referencia europea, tocó ayer máximos de 101 dólares ante la ausencia de noticias sobre la tregua, y hoy retrocede ligeramente hasta el entorno de los 99 dólares. La barrera psicológica de los 100 dólares actúa como termómetro de la tensión geopolítica.
Ese nivel del petróleo no es un dato aislado: tiene consecuencias directas sobre los precios al consumo. Esta mañana el Office for National Statistics del Reino Unido ha publicado el dato de IPC de marzo, el primero que refleja el impacto real de la guerra en Irán sobre la economía británica. El resultado es un alza de tres décimas, desde el 3% de febrero hasta el 3,3% en marzo. Es una señal de alerta para el resto de economías europeas, que también están expuestas al encarecimiento energético y pueden ver cómo sus respectivos índices de precios siguen al alza en los próximos meses.
El Ibex: quién sube y quién baja
Dentro del selectivo español, la indefinición general no impide que haya movimientos relevantes en algunos valores concretos. Entre los que más caen destacan Amadeus e IAG, dos empresas directamente ligadas al tráfico aéreo, un sector especialmente sensible al precio del combustible. Grifols también recorta posiciones, al igual que Inditex, cuyo negocio puede resentirse si el encarecimiento energético termina lastrando el consumo de los hogares.
En el lado positivo, ACS actúa como contrapeso bajista y suma avances durante la sesión. También ganan terreno Repsol y ArcelorMittal, dos compañías con exposición directa a materias primas que se benefician en entornos de precios altos. La lógica es conocida: cuando el petróleo y las commodities están caros, las empresas del sector suelen ver reforzados sus márgenes, al menos a corto plazo.
Las Bolsas europeas también contienen el aliento
El comportamiento del Ibex no es una excepción en Europa. El índice paneuropeo Stoxx 600 intenta mantenerse por encima de los 615 puntos, pero la cautela domina el conjunto de las plazas del continente. Los inversores prefieren esperar a tener más información antes de tomar posiciones decididas en uno u otro sentido.
Hay, eso sí, focos de optimismo sectorial. La empresa de semiconductores ASMI se dispara cerca de un 10% tras publicar unas previsiones de negocio que superan las expectativas del mercado. Las subidas contagian a otras firmas del sector de chips como Soitec y Siltronic, lo que sugiere que la demanda de semiconductores sigue siendo robusta con independencia del ruido geopolítico. En el lado negativo, Bureau Veritas, Nel y FDJ acusan el impacto de sus respectivos resultados y caen hasta un 10%.
Deuda, divisas, oro y bitcoin
Más allá de la renta variable, otros mercados también reflejan la tensión del momento. La deuda soberana europea cotiza de nuevo cerca de niveles de alerta: el bund alemán a diez años ronda el 3%, el bono español equivalente se mueve alrededor del 3,45% y el treasury estadounidense se acerca al 4,30%. Estos niveles de rendimiento indican que los inversores siguen exigiendo una prima por el riesgo y que las expectativas de bajadas de tipos no están del todo asentadas.
En divisas, el mercado aguarda sin grandes movimientos. Los mensajes del próximo presidente de la Reserva Federal, emitidos en la sesión de ayer, no aportaron pistas concluyentes sobre la futura política monetaria de la Fed, lo que deja al dólar cotizando en tablas frente al euro, que se estabiliza en 1,17 dólares. La libra esterlina resiste cerca de los 1,35 dólares pese al repunte inflacionario publicado esta mañana.
En este clima de incertidumbre, el oro vuelve a ejercer su papel de activo refugio. El metal precioso gira al alza y amplía su colchón por encima de los 4.700 dólares la onza. El movimiento más llamativo, sin embargo, llega desde el mercado cripto: el bitcoin escala hasta los 78.000 dólares, marcando nuevos máximos desde el inicio del conflicto en Irán. La criptomoneda parece estar comportándose, al menos en este ciclo, como un activo que se beneficia de la desconfianza hacia los activos tradicionales en momentos de tensión geopolítica prolongada.
En definitiva, los mercados están atrapados entre dos escenarios que ningún inversor quiere asumir todavía: ni el peor, que implicaría una escalada militar de mayor envergadura, ni el más optimista, que requeriría un acuerdo diplomático que por ahora parece lejano. Hasta que haya noticias concretas desde Oriente Próximo, la cautela seguirá siendo la única brújula disponible.