El Fondo Monetario Internacional ha recortado dos décimas sus previsiones de crecimiento mundial para 2026, situándolas ahora en el 3,1%, frente al 3,4% registrado en 2025. El organismo señala como principales causas el conflicto en Oriente Próximo —que ha disparado los precios energéticos— y la incertidumbre geopolítica, que sigue frenando la inversión y el comercio global.
España aguanta el tirón mejor que sus vecinos europeos, aunque tampoco sale indemne. El FMI también ha rebajado dos décimas su previsión para el PIB español, que ahora se sitúa en el 2,1% para 2026, frente al 2,3% que manejaba a principios de año. Para 2027, el organismo calcula que la economía española moderará su ritmo hasta el 1,8%, aunque seguirá muy por encima de la media de la eurozona. Según los propios datos del FMI, el éxito relativo de España responde a una demanda interna más sólida y a un tejido productivo con menor peso de la industria intensiva en energía, precisamente el sector más penalizado por el shock de precios.
El contraste con el resto de Europa es llamativo. La eurozona en su conjunto apenas crecerá un 1,1% este año y un 1,2% en 2027. Alemania, la mayor economía del bloque, se quedará en el 0,8% en 2026 y acumula el mayor recorte de previsiones: tres décimas menos respecto a las estimaciones de enero. Francia no llega al 1% (0,9%) e Italia se estanca en el 0,5% tras una rebaja de dos décimas similar a la española. Reino Unido también crece solo un 0,8% este año, aunque el FMI espera que remonte hasta el 1,3% en 2027.
El conflicto en Irán golpea con fuerza a Oriente Próximo y Asia
El impacto más severo se concentra en los países más expuestos al conflicto. Irán, directamente involucrado, verá cómo su economía se contrae un 6,1%. Pero sus vecinos lo pasan incluso peor: Qatar registrará una caída del PIB del 8,6% e Iraq del 6,8%. Kuwait y Baréin entrarán en recesión, con contracciones del 0,6% y el 0,5% respectivamente. En el conjunto de Oriente Próximo, la media apunta a una caída del PIB del 1,9%.
Asia tampoco se libra, especialmente los países más dependientes del petróleo que transita por el estrecho de Ormuz. La región absorbe una parte significativa del impacto negativo del conflicto, y sus perspectivas de crecimiento se han revisado a la baja en consecuencia.
Estados Unidos resiste; China e India, caminos opuestos
Estados Unidos mantiene un tono relativamente sólido: el FMI prevé un crecimiento del 2,3% para 2026, solo una décima menos que en la estimación anterior. El impulso fiscal y la productividad vinculada a la tecnología sostienen la economía, aunque el empleo y el consumo muestran señales de desaceleración. La inflación, que sigue por encima del objetivo, podría complicar la política monetaria si las tensiones energéticas se prolongan.
China continúa perdiendo tracción. El gigante asiático crecerá un 4,4% en 2026 —una décima menos que antes— y bajará hasta el 4,0% en 2027, lastrado por un sector inmobiliario que no termina de recuperarse y por una economía cada vez más dependiente de las exportaciones. India, en cambio, se consolida como la gran excepción positiva: el FMI ha revisado al alza sus previsiones para el país hasta el 6,5%, gracias a su menor exposición al petróleo del Golfo y a la mejora en sus relaciones comerciales con Estados Unidos.