En Texas, la startup Aalo Atomics trabaja en un nuevo tipo de reactor nuclear con el objetivo de que Estados Unidos recupere el liderazgo en esta tecnología estratégica. Su fundador, Matt Loszak, de 35 años, persigue fabricar cientos o miles de unidades anualmente para proveer energía a centros de datos de inteligencia artificial (IA).
Aalo Atomics es una de varias empresas emergentes que planean activar reactores nucleares antes del 4 de julio, fecha establecida por el expresidente Donald Trump para celebrar el 250 aniversario de la independencia estadounidense. Otras firmas como Antares Nuclear y Valar Atomics ya han logrado la criticidad, el punto en el que la reacción nuclear es autosostenible.
Estas startups, muchas lideradas por menores de 40 años sin experiencia previa en el sector nuclear, reciben apoyo de Silicon Valley y cuentan con vínculos con la Administración Trump. Buscan aprovechar los reactores modulares pequeños para cubrir la creciente demanda energética de centros de datos dedicados a la IA, considerados claves para el futuro tecnológico y competitivo de EE.UU.
Sin embargo, expertos en la seguridad nuclear alertan que el enfoque rápido y disruptivo de las startups parece incompatible con la cautela necesaria en el sector nuclear. Allison Macfarlane, expresidenta de la Comisión Reguladora Nuclear (NRC), advierte sobre los riesgos de una cultura de "moverse rápido y romper cosas" en un área donde el menor error puede tener consecuencias muy graves.
Esta apuesta se da en un contexto de fuerte inversión, pues en los últimos 18 meses estas startups han recaudado más de 7.000 millones de dólares para impulsar la construcción y desarrollo de pequeños reactores modulares. Estos proyectos cuentan con apoyo gubernamental vía simplificación regulatoria y contratos, en paralelo a la presión por contrarrestar el dominio internacional de Rusia y China en esta industria.
La administración Trump ha facilitado la participación de estas empresas en un programa piloto para aprobar instalaciones con mayor agilidad que el regulador tradicional, la NRC. Aalo, por ejemplo, diseñó el reactor Aalo-X, refrigerado con sodio líquido y operando a presión atmosférica, lo que reduce riesgos frente a reactores convencionales. Además, apuesta por la producción en masa de componentes prefabricados en su planta de Austin.
Otra joven empresa, Valar Atomics, liderada por Isaiah Taylor, un emprendedor de 27 años, desarrolla un reactor refrigerado por helio. Taylor destaca que la pérdida de protagonismo estadounidense en energía nuclear es un asunto de seguridad nacional, dada la pujanza de Rusia como exportador tecnológico en este ámbito.
Valar ha reclutado expertos nucleares con experiencia y cuenta entre sus inversores con figuras del sector tecnológico, como Palmer Luckey de Anduril Industries. La startup cuestiona la regulación federal actual para reactores pequeños y busca que estados tengan un rol mayor en su aprobación.
Este cambio regulatorio viene tras críticas de Trump sobre la "excesiva aversión al riesgo" de la NRC y la reestructuración impulsada por equipos vinculados a Elon Musk. Pese a avances, esta presión genera preocupación entre expertos, dado que podría minar la confianza pública en la supervisión de la energía nuclear y priorizar intereses políticos sobre la seguridad científica.
Edwin Lyman, director de seguridad nuclear de la Unión de Científicos Preocupados, advierte que estas políticas pueden comprometer la independencia del regulador y, en consecuencia, poner en riesgo la credibilidad y seguridad del sector nuclear estadounidense.
El impulso de estas startups refleja una carrera tecnológica y geopolítica por recuperar el liderazgo energético en EEUU con reactores modulares pequeños, que ven en la energía nuclear una aliada clave para la revolución de la IA y la reducción de emisiones. No obstante, el equilibrio entre innovación, seguridad y regulación sigue siendo un desafío crucial para el futuro de esta industria.