Este domingo más de 27 millones de peruanos están convocados a votar para elegir al presidente que dirigirá el país durante los próximos cinco años. Esta elección se produce en un escenario caracterizado por una fuerte polarización y una década de inestabilidad política que ha visto a ocho presidentes en diez años.
Desde 2012, Perú ha experimentado ceses, renuncias y destituciones presidenciales ligadas a acusaciones de corrupción, lo que ha impedido la consolidación de gobiernos estables capaces de implementar políticas económicas y sociales sostenibles. Ahora, los votantes decidirán entre la candidata de derecha Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez, dos perfiles con propuestas y visiones antagónicas para el futuro del país.
Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular y administradora de empresas con formación en Estados Unidos, propone un plan económico basado en el fortalecimiento de la inversión privada. Entre sus prioridades está otorgar beneficios fiscales a las grandes empresas agroexportadoras, un sector clave que genera 430.000 empleos, y mantener la autonomía del Banco Central de Reserva. Además, su programa contempla reformas estructurales para mejorar la competitividad y ampliar servicios públicos como la telemedicina.
Por su parte, Roberto Sánchez, con experiencia como ministro de Comercio Exterior bajo el expresidente Pedro Castillo, promueve una mayor intervención estatal para reducir desigualdades. Su propuesta incluye un incremento tributario a las empresas que actualmente disfrutan de exenciones fiscales, valoradas en una pérdida anual de hasta 20.000 millones de soles (más de 5.000 millones de euros), así como la creación de un fondo para ofrecer créditos accesibles a pequeños productores. También apunta a subir el salario mínimo y fortalecer la salud mental pública.
Ambos candidatos también difieren en sus planes para abordar la creciente inseguridad ciudadana, uno de los principales retos para el próximo gobierno. Fujimori impulsa un "Plan de Pacificación Nacional" que incluye la presencia constante de policías y militares en transporte público en las grandes ciudades. Sánchez, en cambio, busca un enfoque más integral que combine políticas sociales y fortalecimiento institucional para combatir la violencia.
En el debate presidencial celebrado hace unos días, la confrontación fue intensa, marcada por ataques personales y acusaciones mutuas. Sánchez calificó a Fujimori como "la señora del caos" y le recordó su vinculación al Gobierno de su padre, Alberto Fujimori. La candidata replicó cuestionando los vínculos de Sánchez con sectores de izquierda radical, incluidos partidarios del expresidente Pedro Castillo, que intentó un golpe de Estado en 2022.
Las encuestas reflejan una contienda ajustada. Según el último sondeo de Ipsos, Fujimori lidera con un 38% frente al 35% de Sánchez. Datum Internacional presenta cifras similares, aunque indican que un importante porcentaje —alrededor del 12%— de electores planea votar en blanco o anular su voto, y otro 15% está indeciso, factores que podrían ser determinantes en el resultado final.
Cabe destacar que el voto en Perú es obligatorio, aunque las sanciones por no sufragar suelen ser multas administrativas y económicas de entre 7 y 32 dólares. La participación histórica oscila entre el 70% y el 85%, con variaciones según el contexto político y la polarización. En los procesos recientes, la asistencia promedio ha estado cercana al 75%, con diferencias notables entre zonas rurales y urbanas.
Esta elección se juega en un contexto de fragmentación política y desconfianza hacia las instituciones, elementos que ponen en tensión la capacidad del nuevo mandatario para gobernar con estabilidad. La jornada de cierre de campaña se realizó el viernes, y por ley ya no se pueden difundir encuestas ni realizar actos proselitistas.
La elección no solo definirá al próximo presidente, sino también el rumbo económico y social de Perú, en un momento en que el país busca superar años de crisis institucional y divisiones profundas. La movilización del electorado indeciso y el manejo de la polarización serán clave para el desenlace del plebiscito presidencial.
Para más información sobre el proceso electoral y sus implicaciones, pueden consultarse las actualizaciones del Jurado Nacional de Elecciones y los análisis de Ipsos Perú. Además, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ofrece estadísticas históricas sobre participación.
Este evento marca un momento crucial para que Perú defina entre dos modelos opuestos: uno con énfasis en la continuidad del modelo económico liberal y otro con apuesta por una mayor intervención estatal y justicia social, en un país donde la estabilidad política sigue siendo escasa.