Los bonos contingentes convertibles, conocidos como CoCos o AT1, seguirán funcionando bajo el mismo esquema en toda Europa. Esta decisión llega después de tres años de debates y estudios realizados por la Autoridad Bancaria Europea (EBA), que ha valorado diferentes alternativas para reformar estos instrumentos tras la crisis de Credit Suisse en 2023.
La EBA ha explicado que modificar los CoCos podría resultar más perjudicial que beneficioso para el sector bancario europeo. Según su análisis, realizar cambios en su estructura generaría un déficit de capital de aproximadamente 20.200 millones de euros y dejaría a 56 entidades europeas con ratios de solvencia por debajo del mínimo exigido. Se trata de una cantidad que afectaría especialmente a los bancos considerados sistémicos dentro de la Unión Europea.
Entre las opciones evaluadas, la EBA examinó la eliminación total de estos bonos. Esta medida obligaría a los bancos a reemplazarlos con capital CET1, que es de la máxima calidad regulatoria, para cubrir entre el 1,5% y el 18,75% de sus activos ponderados por riesgo en los diferentes pilares regulatorios. Este cambio impactaría notablemente en la ratio de apalancamiento de las entidades, elevando los costes de capital y amenazando la estabilidad financiera de varios grupos importantes.
De hecho, cuatro de los siete bancos europeos más grandes -entre ellos Santander, BNP Paribas y Deutsche Bank- quedarían debajo de los requisitos regulatorios si desaparecieran los CoCos. Estos tendrían que captar en conjunto 16.600 millones de euros solo para cumplir las exigencias mínimas, lo que representa el 82% del déficit total estimado en Europa.
Además, la EBA señala que los CoCos han creado un mercado maduro dentro de Europa. Estos bonos se han convertido en una fuente fiable y especializada para que las entidades absorban pérdidas antes de afectar a la deuda senior o al capital accionario. Suprimirlos podría desestabilizar este mercado y dejar a los bancos sin un instrumento clave para gestionar riesgos y financiación.
La idea de una supresión gradual o una “muerte escalonada” tampoco convenció a los reguladores, pues aunque permitiría más tiempo, traería efectos similares a la eliminación inmediata. Tampoco las propuestas para modificar sus características -como retrasar el rescate obligatorio, aumentar los niveles de capital que activan la conversión, o cambiar las condiciones de pago de cupones- satisficieron a la EBA. En muchos casos, estas modificaciones entrarían en conflicto con la normativa de Basilea, que marca el marco regulatorio internacional.
Este pronunciamiento pone punto final al debate europeo sobre los CoCos, que estuvo en el centro del análisis regulatorio mundial desde la crisis de Credit Suisse, donde estos bonos fallaron en su función de frenar la caída del banco suizo. La comunidad reguladora internacional buscó maneras de convertirlos en instrumentos capaces de salvar entidades en dificultades y evitar rescates costosos, pero en Europa la conclusión es que las imperfecciones actuales son un mal menor.
Un caso muy diferente es el de Australia, única jurisdicción que optó por eliminar los CoCos después de la crisis. La autoridad financiera australiana decidió iniciar la retirada gradual de estos bonos desde 2027, marcando una diferencia clara en el enfoque regulatorio global.
Mientras tanto, en Europa, los CoCos continuarán siendo un pilar estratégico del sistema bancario, pese a sus limitaciones y controversias, porque las alternativas implican riesgos mayores para la estabilidad financiera del continente.
Para conocer más detalles sobre el impacto de los CoCos en la banca europea y las implicaciones regulatorias, se puede consultar el informe de la Autoridad Bancaria Europea y el análisis de las normas de Basilea.