El fundador de Mango, Isak Andic, falleció tras caer por un precipicio en Montserrat el 14 de diciembre de 2024. La jueza de Martorell atribuye la muerte a un homicidio cometido por su hijo mayor, Jonathan Andic, algo que la defensa rechaza insistiendo en que fue un accidente.
Según la defensa, liderada por el penalista Cristóbal Martell, el empresario estuvo parado durante 39 segundos sin movimientos armónicos antes de dar dos pasos y caer fatalmente, un patrón que consideran compatible con una caída accidental. Este argumento se basa en el análisis de un peritaje presentado al juzgado que reconstruye en 3D el suceso, así como en simulaciones con maniquíes que replicaron las condiciones del terreno y la artrosis en las rodillas de Isak.
Los Mossos d'Esquadra, a partir de la información extraída del teléfono móvil del fallecido, confirmaron que Isak no estaba usando el dispositivo en el momento de la caída ni había ningún movimiento que indicara una distracción. Por ello, descartaron que la falta de atención fuera la causa. La jueza señaló que el fundador de Mango solo utilizó el móvil al comenzar la ruta para tomar fotos y grabar un vídeo, y que el teléfono fue encontrado en su pantalón tras el accidente.
La defensa recalca la importancia de los dos pasos previos a la caída, ya que dan espacio para interpretar que Isak sufrió un tropiezo seguido de un resbalón que le hizo precipitarse. Descalifican los informes oficiales que omiten esta secuencia como manipulaciones que generan un sesgo claro que alimenta la hipótesis acusatoria contra Jonathan.
También se pone en duda la narrativa que relaciona una posible distracción con la toma de fotografías, ya que, según la defensa, Jonathan nunca declaró distracción alguna para explicar la caída. Más bien explicó que el padre se retrasó quizás debido a esas acciones.
Además, la Unidad de Intervención de Montaña de los Mossos concluyó que no se puede determinar la causa exacta de la caída ni la participación de terceros, y que los simulacros realizados tampoco arrojaron resultados concluyentes sobre cómo ocurrió la precipitación.
La defensa remarca que la instrucción policial reconoce la falta de evidencias definitivas que confirmen la versión de homicidio, pero advierte del «goteo de informaciones» que busca influir en la opinión pública para favorecer la acusación.
También critican la circulación permanente de detalles personales e íntimos de Jonathan Andic, que afecta su presunción de inocencia. Alegan que este uso selectivo de mensajes privados hallados en el móvil de Isak intenta crear una condena social incluso antes de finalizar el proceso judicial.
En este sentido, subrayan el contexto terapéutico de algunas conversaciones, reafirmando que los hechos carecen aún de una conclusión sólida y que la caída fatal de Isak Andic debe tratarse como un accidente hasta que se pruebe lo contrario.
Esta disputa judicial sigue bajo análisis en los tribunales de Martorell, y la defensa espera que nuevas pruebas acentúen la posibilidad de que la tragedia fuera fortuita y no intencionada, preservando el respeto a la presunción de inocencia en un caso que ha conmocionado al sector empresarial y la opinión pública.