Cuando los mercados se ponen nerviosos, los inversores buscan protección. Y una de las herramientas más potentes —y controvertidas— para cubrirse ante el riesgo de impago de la deuda son los credit default swaps, más conocidos como CDS. En el año hasta septiembre de 2025, la compraventa de estos derivados se disparó un 52% a nivel global, alcanzando los 24,6 billones de dólares (unos 21 billones de euros) en valor nominal, según datos de la Asociación Internacional de Derivados (ISDA). No es una cifra cualquiera: es un récord histórico que refleja la creciente demanda de cobertura en un entorno de deuda masiva e incertidumbre geopolítica.
Un CDS funciona, en esencia, como un seguro. Si un emisor de bonos —una empresa o un gobierno— deja de pagar o reestructura su deuda, el comprador del CDS recupera el 100% del valor nominal de esos títulos. La contraparte del contrato, que cobró una prima periódica por asumir ese riesgo, es quien tiene que compensarle. Es, por tanto, un mecanismo que transfiere el riesgo de impago de un agente a otro. Lo que ha cambiado en los últimos meses no es el concepto, sino la escala a la que se opera.
Por qué se dispara la demanda ahora
El primer factor explicativo es estructural: hay mucha más deuda en circulación que hace unos años. Gigantes tecnológicos como Oracle o Alphabet han realizado macroemisiones de bonos en los mercados de capitales para financiar inversiones y recompras de acciones. Al mismo tiempo, los déficits públicos —incluido el de Estados Unidos— siguen creciendo, lo que obliga a los gobiernos a emitir más deuda soberana. Más bonos en circulación significa más activos susceptibles de ser asegurados con CDS.
El segundo factor es coyuntural: la incertidumbre global se ha disparado. Los aranceles comerciales impulsados desde Washington, el temor a una corrección brusca en las bolsas tecnológicas y las tensiones geopolíticas —incluida la guerra en Irán— han llevado a muchos inversores a buscar cobertura ante riesgos sistémicos, no solo ante el impago concreto de un emisor. De hecho, según S&P, el 75% de los CDS que se negocian actualmente están referenciados a índices de renta fija, no a emisores individuales. Eso convierte estos productos en un refugio ante tormentas generales del mercado.
Los datos más recientes refuerzan esa tendencia. Según Société Générale, las transacciones con CDS ligados a índices de renta fija en Estados Unidos crecieron un 64% entre enero y marzo de 2026, hasta los 4,5 billones de dólares. Una aceleración que sugiere que el primer trimestre del año ha sido especialmente agitado para los mercados de crédito.
¿Señal de alarma o simple cobertura?
La pregunta obvia ante estos volúmenes es si el mercado está anticipando una oleada de impagos. La respuesta corta es: no necesariamente. Los CDS cumplen funciones diversas. Pueden usarse para protegerse ante el riesgo de impago de bonos que ya se tienen en cartera, pero también para tomar posiciones especulativas —apostar a que un emisor incumplirá— o simplemente para gestionar la exposición al riesgo de crédito de forma eficiente sin tener que vender los activos subyacentes.
Eso sí, el boom en el uso de CDS indexados sugiere que la preocupación no es tanto por la solvencia de una empresa concreta como por el estado general del crédito. En momentos de estrés, los índices de CDS son el termómetro más inmediato de cómo percibe el mercado el riesgo agregado. Que estén tan activos habla de un entorno de máxima alerta, aunque no de pánico declarado.
Tampoco hay que ignorar el riesgo sistémico que entraña esta expansión. Warren Buffett los bautizó en su día como "armas de destrucción financiera masiva", y la crisis de 2008 demostró que no era una hipérbole: la exposición descontrolada a CDS vinculados a hipotecas subprime fue uno de los detonantes del colapso de AIG y de la propagación del pánico financiero. El mercado de hoy está más regulado y es más transparente, pero el volumen que maneja sigue siendo suficiente para amplificar cualquier crisis si se produce una venta desordenada de posiciones.
El contexto del mercado de crédito
El auge de los CDS no ocurre en el vacío. Se produce en paralelo a un período de tensión en el mercado de crédito privado, donde los fondos de inversión que conceden préstamos directos a empresas —especialmente del sector del software— observan con creciente preocupación el deterioro de la calidad crediticia de algunos de sus prestatarios. Aunque son mercados distintos, el nerviosismo es compartido.
En este contexto, los CDS actúan como válvula de escape y como indicador adelantado. Su expansión récord dice dos cosas a la vez: que hay más deuda que proteger y que la percepción del riesgo ha aumentado de forma considerable. No es una señal de catástrofe inminente, pero sí un recordatorio de que los mercados están operando con las antenas bien puestas ante cualquier señal de deterioro.