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El BIS alerta sobre los riesgos de las stablecoins

El Banco Internacional de Pagos advierte del peligro que suponen para la estabilidad financiera, el blanqueo de capitales y la soberanía monetaria.

Por Carlos García·lunes, 20 de abril de 2026Actualizado hace 1 h·4 min lectura·4 vistas
Ilustración: El BIS alerta sobre los riesgos de las stablecoins · El Diario Joven

El mercado de stablecoins ha superado los 320.000 millones de dólares en capitalización y mueve ya cerca de 35 billones en transacciones anuales. Una cifra que sigue siendo modesta frente a los ocho billones en depósitos bancarios que existen solo en Estados Unidos, pero que ha crecido lo suficiente como para llamar la atención de los principales reguladores y bancos centrales del mundo. El último en pronunciarse ha sido el Banco Internacional de Pagos (BIS), cuyo director gerente, Pablo Hernández de Cos, aprovechó un foro en el Banco de Japón este lunes para detallar los riesgos que estos activos representan para el sistema financiero global.

Hernández de Cos reconoció primero las virtudes de las monedas estables: facilitan la entrada y salida del ecosistema cripto, agilizan los pagos transfronterizos y permiten sortear las fricciones de las infraestructuras de pago convencionales. En economías emergentes, además, ofrecen una vía rápida para acceder al dólar u otras divisas fuertes. Pero ahí precisamente comienza el problema, según el BIS: el mismo atractivo que las hace útiles en contextos de inestabilidad local puede convertirlas en un foco de riesgo sistémico a escala global.

El riesgo para el crédito bancario

Uno de los escenarios que más preocupa al BIS es el desplazamiento masivo de depósitos bancarios hacia stablecoins. Si empresas y hogares comenzaran a mover su dinero a estas plataformas a gran escala, los bancos se verían obligados a recurrir cada vez más a la financiación mayorista, que es más cara y mucho menos estable. Esto acabaría repercutiendo en la cantidad y el coste del crédito disponible para la economía real. No es una advertencia nueva: el Banco Central Europeo ya alertó en marzo de este mismo año sobre este mismo efecto de sustitución y sus consecuencias para la intermediación financiera tradicional.

El BIS va más allá y señala que las stablecoins comparten características con las entidades financieras no bancarias, un sector que históricamente ha protagonizado episodios de inestabilidad graves. El riesgo de retiradas masivas es real: si los inversores decidieran deshacerse de sus posiciones de forma simultánea, los emisores se verían forzados a liquidar las reservas que respaldan esos activos, con el consiguiente efecto sobre los mercados subyacentes. Si además esos emisores mantienen depósitos en bancos tradicionales, el estrés financiero podría contagiarse al sector bancario en cuestión de horas.

Hernández de Cos apuntó una posible vía para acotar ese riesgo: conceder a los emisores no bancarios de stablecoins acceso a mecanismos equivalentes al seguro de depósitos o a líneas de liquidez de los bancos centrales. Una medida que, sin embargo, plantea interrogantes regulatorios y políticos de calado.

Blanqueo de capitales: el flanco más débil

La mayor preocupación del BIS no es, no obstante, el riesgo de crédito, sino la integridad financiera. Las stablecoins que circulan en blockchains públicas y a través de monederos no custodiados operan en gran medida fuera del perímetro regulatorio. En el sistema financiero tradicional, son los bancos y otros intermediarios quienes tienen la responsabilidad de aplicar los controles de conocimiento del cliente (KYC) y de prevención del blanqueo de capitales. En el ecosistema cripto, esa función recae sobre los validadores de la red, que gestionan el registro de transacciones pero no identifican a los usuarios más allá de una dirección alfanumérica.

Este vacío hace que las stablecoins sean especialmente atractivas para actores ilícitos. De hecho, representan actualmente la mayor parte de las transacciones fraudulentas dentro del ecosistema cripto, según reconoció el propio BIS. Y el problema no se circunscribe al mundo digital: la Autoridad Bancaria Europea (EBA) advirtió el pasado verano de que los riesgos de blanqueo y financiación del terrorismo ligados al sector cripto se están extendiendo a instituciones de crédito, de pago y de dinero electrónico, debido a la creciente interconexión entre ambos mundos y a los déficits de control detectados en el sector cripto.

La amenaza de la dolarización

El tercer gran riesgo que identifica el BIS es la dolarización. Las stablecoins denominadas en dólares representan el 99% del mercado total. Si su adopción se generalizara hasta el punto de que precios, salarios y contratos comenzaran a fijarse en dólares a través de estos instrumentos, los bancos centrales de los países afectados perderían parte de su capacidad para transmitir la política monetaria y mantener la soberanía sobre su propia divisa.

Este riesgo no es nuevo en el debate académico y regulatorio, pero adquiere una dimensión nueva en el contexto de las stablecoins. El Fondo Monetario Internacional ya lo identificó en su informe de estabilidad financiera de octubre pasado como una amenaza especialmente urgente para las economías en desarrollo con monedas débiles, precisamente aquellas donde las stablecoins tienen mayor penetración y donde el acceso al dólar a través de estos canales resulta más tentador para la población.

El debate regulatorio en torno a estos activos lleva años sobre la mesa, pero el crecimiento del mercado y su creciente integración con el sistema financiero tradicional están acelerando los tiempos. La intervención del BIS desde Tokio es una señal más de que los grandes organismos internacionales consideran que el momento de actuar con normas claras ya no puede esperar.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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