ACS, a través de su filial Turner y en alianza con Kokosing, ha adquirido la planta de baterías de litio ubicada en Kentucky que pertenecía a Ascend Elements. La compra se realizó mediante una subasta de activos en concurso de acreedores por un importe aproximado de 32 millones de dólares, muy por debajo de la inversión prevista inicialmente para el complejo.
El proyecto original, promovido por Ascend Elements, contemplaba una planta destinada a fabricar precursores de baterías y materiales activos para cátodos de baterías de litio que abastecerían hasta 250.000 vehículos eléctricos al año. Con una inversión que podía alcanzar los 1.000 millones de dólares (unos 862 millones de euros), la fábrica fue detenida en 2024 cuando Ascend Materials paró sus trabajos y la empresa se acogió al Chapter 11, la ley que regula el concurso de acreedores en Estados Unidos.
Según documentos presentados en los tribunales de Texas, la planta de Kentucky está terminada en un 60% y la promotora tuvo que devolver parte de las subvenciones recibidas, que superaban los 300 millones de dólares comprometidos por el Departamento de Energía de EEUU. La paralización y los sobrecostes provocaron una deuda a proveedores, entre ellos ACS que se convirtió en uno de los mayores acreedores comerciales tras reclamar el impago de 138 millones de dólares.
Turner, filial de ACS, había sido el mayor contratista de Ascend Elements desde 2022 y había ejecutado la construcción de tres edificios, pero el proyecto sufrió un incremento significativo de costes, subiendo a 878 millones tras ampliar las instalaciones a 134.700 metros cuadrados. La paralización en 2024 frenó los planes de abrir la planta en primavera de 2025, una instalación que posteriormente tendría capacidad para producir materiales para 750.000 vehículos eléctricos anuales.
La fábrica, conocida como Apex 1, se ubica en un terreno de más de 57 hectáreas en el Parque Industrial Commerce II de Hopkinsville y estaba diseñada para generar hasta 400 empleos entre ingenieros, técnicos químicos y operarios. Su impacto económico previsto para Kentucky era de 4.400 millones de dólares durante la construcción y primeras operaciones, cifras que ahora ACS deberá revisar para decidir el futuro del activo.
En ACS confirman la compra y revelan que estudian varias vías para reactivar o aprovechar la planta, entre las que se evalúa la continuidad de las subvenciones federales y la evolución de la demanda global de baterías para vehículos eléctricos. Este movimiento posiciona a ACS en un sector tecnológico y estratégico en auge, vinculando construcción e industria de energías limpias.
Este caso refleja las dificultades que enfrentan los proyectos de baterías en Estados Unidos para escalar con rapidez y capital, en paralelo al impulso de la electrificación en la automoción. La experiencia de ACS como contratista principal y ahora propietario del inmueble muestra cómo las grandes empresas buscan consolidar su presencia en esta cadena de valor crucial para el futuro energético y tecnológico.
Más información sobre la normativa del Chapter 11 y su impacto en proyectos industriales puede consultarse en la institución oficial de concursos en EEUU.
Los detalles financieros de la compra y los antecedentes del proyecto están disponibles en documentos legales del tribunal de Texas y el compromiso inicial de subvenciones en el Departamento de Energía estadounidense.