La industria siderúrgica europea atraviesa una etapa compleja marcada por elevados costes energéticos, una demanda débil y una competencia internacional cada vez más intensa, especialmente desde China. Estas dificultades amenazan la viabilidad de un sector que fue clave en la integración europea, originada en 1951 con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero.
Según datos de la OCDE, la sobrecapacidad en la producción global de acero supera los 700 millones de toneladas y las empresas europeas sufren la presión de competidores que cuentan con subsidios estatales para sostener producción, como es el caso de China. Este exceso de oferta se vende en precios tan bajos que los productores europeos no logran competir de manera rentable.
En este contexto, la Asociación Europea del Acero (Eurofer) se ha erigido como el principal lobby que defiende los intereses de la industria en Bruselas. Entre sus miembros están compañías españolas como Acerinox, ArcelorMittal y Celsa, así como la Asociación Española del Acero. Eurofer ha sido fundamental en el impulso de medidas proteccionistas aprobadas este año por la Unión Europea para limitar las importaciones a un máximo anual de 18,3 millones de toneladas, casi un 47% menos que lo permitido en 2024, con aranceles de hasta el 50% cuando se exceden las cuotas asignadas.
Este límite de importación representa un respiro crucial para las acerías europeas y abre la posibilidad de recuperar hasta 15 millones de toneladas de producción perdida en la última década. Axel Eggert, director general de Eurofer, insiste en que se trata de un primer paso para proteger un sector indispensable para la competitividad y la seguridad europea, aunque reconoce que el camino hacia la recuperación aún es largo.
La problemática no se limita a la competencia extranjera. Estados Unidos mantiene aranceles del 50% sobre el acero europeo desde el anterior gobierno de Donald Trump, lo que frena las exportaciones europeas al mercado estadounidense. A pesar de un acuerdo bilateral para mejorar las relaciones comerciales, la UE aún no ha logrado que Washington rebaje estas tasas. Eurofer continúa presionando para alcanzar un trato equilibrado que facilite la cooperación transatlántica sin aranceles que dañen al sector.
Otro desafío vital para el acero europeo es la transición hacia una industria más sostenible y menos emisora de carbono. Tanto la UE como Eurofer reconocen la necesidad de la descarbonización, pero advierten que es inviable un proceso total para 2033 sin acceso a electricidad limpia ni hidrógeno a precios competitivos. Actualmente, la industria invierte en nuevas plantas que puedan utilizar hidrógeno y reducir emisiones, pero una presión excesiva sin apoyos adecuados amenaza la competitividad del sector.
Eurofer opera desde Bruselas, cerca de la Comisión Europea, y mantiene una intensa actividad para influir en políticas públicas. El lobby está inscrito en el registro de transparencia de la UE, que obliga a revelar sus intereses y la frecuencia de sus contactos institucionales, con más de 249 reuniones desde 2014. Esta transparencia busca evitar conflictos éticos y promover una regulación justa que permita a la siderurgia europea afrontar los retos económicos, geopolíticos y ambientales actuales.
La industria del acero sigue siendo un pilar más del proyecto europeo con implicaciones directas en la economía y el empleo. Su supervivencia dependerá de que la Unión Europea combine medidas que protejan el mercado interno, fomenten la innovación tecnológica y negocien eficazmente en el plano internacional.