Abanca da un paso significativo en su estrategia de diversificación y entra de lleno en el sector inmobiliario con la creación de su propia Socimi. La entidad, presidida por Juan Carlos Escotet, ha constituido Finisterrae Real Estate con el objetivo de promover y rehabilitar inmuebles en entornos urbanos destinados al arrendamiento. El movimiento no es casual: responde a la apuesta del banco por consolidar su segmento de grandes clientes como uno de los ejes estratégicos de su crecimiento orgánico.
La sociedad fue inscrita el pasado 7 de abril con un capital social de un millón de euros, siendo Abanca Corporación Bancaria su único accionista. Al frente de Finisterrae Real Estate se ha colocado a Francisco Javier Rivero García, actual director de Banca Privada de Abanca desde 2019, quien llegó al banco gallego desde la oficina de Credit Suisse en Ginebra. Rivero dirige desde entonces la unidad orientada a clientes con un patrimonio financiero superior al medio millón de euros, por lo que su perfil encaja directamente con el propósito de la nueva Socimi: atraer y fidelizar a inversores de alto poder adquisitivo.
Las Socimis —Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión en el Mercado Inmobiliario— son vehículos de inversión que permiten a los accionistas acceder al mercado inmobiliario de forma indirecta, con ventajas fiscales específicas y obligación de distribuir la mayor parte de sus beneficios como dividendos. Finisterrae Real Estate cotizará en bolsa, aunque Abanca no ha concretado todavía los plazos ni los detalles operativos del proyecto: el tipo de inmuebles, su ubicación geográfica o el perfil de los arrendatarios siguen sin precisarse públicamente.
Uno de los interrogantes más interesantes es si la Socimi operará también en Portugal. El país luso representa ya el 16% del volumen de negocio de Abanca, especialmente tras la integración de EuroBic, entidad que el banco adquirió y que le permitió disparar la captación de nuevos clientes hasta los 160.000 el año pasado. Dado ese peso estratégico, el mercado portugués podría convertirse en uno de los destinos naturales para el desarrollo del negocio inmobiliario.
Esta iniciativa llega en un momento en el que Abanca ha dejado atrás una década marcada por el crecimiento vía adquisiciones para centrarse en el desarrollo orgánico y la especialización. La entidad ha ido construyendo un equipo de banca privada cada vez más sólido y diferenciado. En septiembre de 2024 incorporó a José María Ferrer como responsable del negocio de grandes fortunas —clientes con más de tres millones de euros de patrimonio—, procedente de Renta 4, donde dirigía el área de Wealth y Banca Privada. El fichaje se completó con otros perfiles especializados distribuidos por distintas comunidades autónomas, como María Porta, que asumió la dirección de Abanca Privada en Galicia llegando desde Banco J. Safra Sarasin.
En términos de negocio, los números respaldan la ambición de la entidad. Abanca gestiona más de 10.000 millones de euros de clientes de banca privada y cerró el ejercicio 2024 con un beneficio neto de 902,4 millones de euros. Los recursos fuera de balance crecieron a doble dígito, superando los 20.000 millones de euros, y la entidad alcanzó una cuota de mercado del 7% en suscripciones de fondos de inversión. Son cifras que reflejan una entidad con músculo financiero suficiente para sostener nuevas apuestas como esta Socimi.
Desde una perspectiva más amplia, la creación de Finisterrae Real Estate también hay que leerla en clave sectorial. El mercado del alquiler residencial en España atraviesa una fase de fuerte tensión, con una demanda que supera con creces a la oferta disponible según los datos del INE, especialmente en las grandes ciudades. En ese contexto, los vehículos de inversión institucional orientados al build-to-rent —promover para alquilar— han ganado protagonismo entre los grandes grupos financieros y promotores. Abanca se suma así a una tendencia que ya han explorado otros bancos y fondos de inversión en los últimos años.
Lo que diferencia el enfoque de Abanca es su vinculación directa con la banca privada. La Socimi no parece concebida como un vehículo para el gran público, sino como un instrumento para ofrecer a sus clientes de alto patrimonio una alternativa de inversión en activos reales con rentabilidad recurrente vía alquiler. Es, en definitiva, una herramienta de captación y fidelización disfrazada de vehículo inmobiliario. Si la apuesta funciona, podría convertirse en un modelo que otros bancos medianos decidan replicar en el corto plazo.