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1.000 millones de barriles perdidos por la guerra en Irán

El CEO de Vitol alerta de que el cierre del estrecho de Ormuz es la mayor perturbación energética en 40 años.

Por Carlos García·martes, 21 de abril de 2026Actualizado hace 1 h·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: 1.000 millones de barriles perdidos por la guerra en Irán · El Diario Joven

El mercado global del petróleo ha perdido ya alrededor de 1.000 millones de barriles de crudo y productos refinados como consecuencia directa del conflicto en Oriente Próximo. Así lo advirtió Russell Hardy, consejero delegado de Vitol, la mayor comercializadora independiente de petróleo del mundo, durante la Cumbre Global de Materias Primas organizada por el Financial Times en Lausana. Su diagnóstico es claro: incluso si la guerra terminara mañana, las consecuencias para el suministro energético mundial se prolongarían durante años.

Hardy, al frente de Vitol desde 2018, explicó que los ataques a infraestructuras energéticas en el Golfo Pérsico y el cierre del estrecho de Ormuz han eliminado aproximadamente 12 millones de barriles de producción diaria desde que Estados Unidos e Israel iniciaron operaciones militares contra Irán a finales de febrero. Según sus cálculos, entre 600 y 700 millones de barriles ya se han perdido de forma irreversible, y el total superará los 1.000 millones cuando se sumen los meses necesarios para restaurar la infraestructura dañada o paralizada.

Para contextualizar la magnitud del daño: 1.000 millones de barriles equivalen aproximadamente a diez días de consumo mundial de petróleo, y más del doble de todo el crudo liberado históricamente desde reservas estratégicas internacionales para compensar interrupciones de suministro. Hardy no dudó en calificar la situación como la mayor disrupción energética en sus casi cuatro décadas de carrera, por encima incluso de la crisis de 1990 provocada por la invasión iraquí de Kuwait. La diferencia clave, subrayó, es que entonces existía más capacidad productiva de reserva en el mundo. Hoy, prácticamente todo ese excedente está atrapado tras el estrecho de Ormuz.

Una recesión global en el horizonte

El consenso entre los operadores presentes en la conferencia fue que las consecuencias del cierre del estrecho apenas empiezan a hacerse sentir. Frederic Lassere, jefe de investigación de Gunvor, fue el más contundente al fijar un plazo concreto: si el estrecho de Ormuz no vuelve a estar operativo antes de finales de julio, el impacto dejará de ser un problema energético para convertirse en una crisis macroeconómica capaz de arrastrar al mundo a una recesión. Gary Pedersen, CEO de Gunvor, coincidió en que las "repercusiones" de mantener cerrada esa arteria energética durante semanas son ya una realidad, y se agravan con cada día que pasa.

Saad Rahim, economista jefe de Trafigura, validó la cifra del millón de barriles perdidos y habló de un "punto de inflexión crítico", poniendo el foco en las negociaciones de paz previstas entre Washington y Teherán en Pakistán. En su opinión, un acuerdo que permita la normalización progresiva de la situación todavía podría evitar una catástrofe. Sin embargo, reconoció que hay motivos para el escepticismo sobre la capacidad real de Estados Unidos para cerrar un pacto con Irán en las condiciones actuales.

Escasez más allá del petróleo

El impacto del conflicto no se limita al crudo. Los operadores reunidos en Lausana alertaron de una cadena de efectos colaterales que ya empieza a materializarse. La interrupción del suministro de gas natural en Oriente Próximo amenaza con generar escasez de fertilizantes a nivel global, lo que podría derivar en crisis alimentarias en varios países. Al mismo tiempo, la falta de ácido sulfúrico procedente del Golfo Pérsico está ralentizando la extracción de cobre, un metal clave para la transición energética y la industria tecnológica.

Amrita Sen, directora de inteligencia de mercado de Energy Aspects, aportó un dato especialmente preocupante para el sector del refino: incluso en el escenario más optimista —que el 50% del tráfico a través del estrecho de Ormuz se hubiera restablecido a finales de mayo— el mercado habría perdido al menos 450 millones de barriles de productos refinados como diésel y gasolina. Dado que no existe capacidad sobrante en el sector mundial del refino, esos volúmenes no se repondrían antes de 2030, a menos que los precios subieran tanto como para destruir demanda de forma significativa.

Mercados financieros y la apuesta por una solución rápida

Mientras los expertos en materias primas describen un panorama sombrío, los mercados bursátiles estadounidenses cotizaban cerca de máximos históricos en el momento de la conferencia. Helima Croft, jefa de estrategia global de materias primas en RBC Capital Markets, atribuyó esta aparente contradicción a que los inversores habrían apostado de forma prematura por una resolución rápida del conflicto, confiando en que Donald Trump podría imponer un acuerdo de forma unilateral. "No se trata de una dinámica de un solo responsable de la toma de decisiones", advirtió Croft, recordando que Irán también tiene voz y voto en cualquier negociación.

El debate en Lausana refleja una tensión real entre los mercados financieros, que tienden a descontar escenarios de resolución, y los operadores físicos de energía, que trabajan con los datos de suministro reales. Según los análisis de Energy Aspects, la brecha entre ambas percepciones podría cerrarse de forma brusca si las negociaciones fracasan o se prolongan más de lo previsto. En ese caso, el impacto sobre precios del combustible, inflación y crecimiento económico global sería difícil de contener.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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