El 21 de junio de 1986, en el estadio Cuauhtémoc de Puebla, España sufrió una eliminación dramática en el Mundial de México tras una tanda de penaltis contra Bélgica. El penalti detenido por el portero belga Jean-Marie Pfaff a Eloy Olaya, jugador joven y prometedor, se convirtió en una de las imágenes más recordadas en la historia de los Mundiales.
Eloy Olaya contaba entonces con poco más de 20 años y apenas había debutado en la selección española. Un chavalín con apenas tres partidos internacionales que llegó al torneo con la confianza por las nubes tras el 5-1 ante Dinamarca, una victoria que llenó de optimismo al equipo. Sin embargo, la organización del campeonato y las condiciones eran muy diferentes a hoy, con problemas logísticos que dificultaban la estancia y el desplazamiento. A pesar de ello, el ambiente del grupo era excelente y el grupo estaba convencido de que podía hacer algo grande en ese Mundial.
Por su parte, Jean-Marie Pfaff, portero belga y uno de los mejores del mundo en la época, confiaba en un buen papel de su equipo tras un partido exigente contra la Unión Soviética. Consideraba que tanto España como Argentina eran las selecciones más fuertes. Pfaff conocía bien a España y su juego técnico y físico; sabía que enfrentarse a ellos sería duro, pero Bélgica acudía con un portero que podía marcar la diferencia.
El partido en Puebla fue muy disputado y emocionante. Bélgica abrió el marcador mediante un remate en un saque de esquina que les permitió controlar el ritmo del juego. España insistió en busca del empate, que llegó en el minuto 85 gracias a Juan Carlos Señor, lo que llevó el encuentro a una prórroga cargada de intensidad y tensión. Ambos equipos mostraron un respeto mutuo y un alto nivel competitivo que atrajo la atención de los aficionados.
La tanda de penaltis fue un momento cargado de nervios y dramatismo. Eloy recuerda que fue elegido para lanzar el segundo penalti español por la confianza que el cuerpo técnico le tenía a pesar de su juventud. Con seguridad fue a ejecutar su disparo, decidido a marcar en el mismo lado que su compañero Reinaldo. Pero un mal golpeó a la pelota, más mordida que potente, que permitió a Pfaff detener el lanzamiento y dar el pase a semifinales a Bélgica.
Pfaff, por su parte, relató cómo gestionaba la tensión durante los penales: caminaba lentamente, bebía agua, intentaba influir psicológicamente en los lanzadores y usaba pequeños movimientos para despistarlos. Considera que la mentalidad es fundamental para una situación así. Aunque hoy con el VAR probablemente ese penalti no habría sido válido, entonces no existía tal tecnología. La pausa, la concentración y la experiencia fueron claves para su parada en ese instante decisivo.
La decepción del fallo fue grande, pero Eloy destaca el apoyo recibido del equipo y la afición. Recuerda especialmente a José Antonio Camacho animándole pese a la frustración. La espera en Ciudad de México y el posterior recibimiento en España mostraron que el equipo había conseguido ganarse el cariño del país por el buen juego desplegado en el Mundial.
Pfaff también rememora con respeto la experiencia, valorando la calidad de los contrincantes y la pasión del público mexicano. Destaca la importancia de vivir esas semanas inolvidables en las que se enfrentaron a grandes figuras como Butragueño, Platini y Maradona. Sin embargo, también ha tenido momentos personales duros en su vida que le han enseñado a poner ese gol decisivo en perspectiva, priorizando la familia y la salud por encima de la gloria deportiva.
Cuarenta años después, ambos protagonistas coinciden en que el Mundial de 1986 fue una experiencia inolvidable. Eloy, aunque reconoce el dolor del penalti fallado, sigue orgulloso de la selección y del grupo humano formado. Pfaff, aunque feliz por aquella parada histórica, insiste en que la vida coloca cada momento en su lugar y que lo más importante siempre es la familia y lo que va más allá del fútbol.
Este episodio sigue siendo un hito en la historia del fútbol español y belga, un recuerdo de cómo un instante puede alterar el destino de un equipo y quedar para siempre en la memoria colectiva, con toda su carga de emoción, esfuerzo y humanidad.
Para profundizar en este relato, pueden consultarse las entrevistas originales publicadas por Marca, así como detalles técnicos del Mundial de 1986 en la FIFA. También es recomendable revisar la historia de Jean-Marie Pfaff y la carrera de Eloy Olaya para contextualizar mejor los hechos.