La jornada retro de LaLiga ha inundado las redes de nostalgia: equipaciones clásicas, animaciones vintage en las alineaciones y aquella 'R' de las repeticiones que tantos recuerdos despierta. Pero junto a la épica del fútbol de antes llega también un recordatorio incómodo: ese pasado no era precisamente un lugar mejor para todos.
Basta repasar algunas declaraciones para entender la magnitud del cambio. Jesús Gil, presidente del Atlético de Madrid durante décadas, descartó públicamente fichar a un jugador por su orientación sexual. También protagonizó comentarios sobre futbolistas negros con un lenguaje que hoy resultaría directamente impublicable. Por su parte, Ramón Mendoza, expresidente del Real Madrid, explicó la llegada de Claudemir Vitor al club en lugar de Cafú con un juego de palabras sobre el color de piel de ambos jugadores. Declaraciones que entonces apenas generaron consecuencias y que hoy serían impensables.
Los vestuarios y los banquillos tampoco se libraban. Luis Aragonés, uno de los entrenadores más exitosos de la historia del fútbol español, tuvo que dar explicaciones tras ser grabado diciéndole a José Antonio Reyes que le dijera al negro —en referencia a Thierry Henry— que él era mejor. El seleccionador argumentó que era un recurso de motivación, pero el vídeo circuló y la polémica fue mayúscula, aunque la prensa de la época lo trató más como una anécdota que como un escándalo.
Las gradas tampoco quedaban al margen. Guti fue señalado durante años con un cántico homófobo que resonaba en casi todos los estadios de Primera División. El propio exjugador madridista ha reconocido recientemente que fue una de las experiencias más duras de su carrera, no solo por los ataques a su sexualidad, sino por las referencias a su familia y a sus seres queridos. Estaba totalmente indefenso, como cualquier futbolista de aquella época.
Sin embargo, sería un error concluir que todo aquello quedó definitivamente en el pasado. En los últimos meses, Vinícius Júnior ha denunciado nuevos episodios de insultos racistas en los estadios españoles, Borja Iglesias ha recibido ataques continuos en redes sociales por visibilizar su apoyo al colectivo LGTBI, y en el RCDE Stadium se escuchó recientemente un cántico con referencias islamófobas entre la afición. Casos que demuestran que la impunidad del grupo, el anonimato de las gradas y la desinhibición de las redes sociales siguen alimentando comportamientos que deberían pertenecer a otra era.
El fútbol ha avanzado de forma evidente: los protocolos ante el racismo son más estrictos, la visibilidad de las víctimas es mayor y la tolerancia social hacia este tipo de conductas es mucho menor. Pero la distancia entre el punto de partida y el de llegada no debe confundirse con haber llegado a destino. Queda camino por recorrer, y conviene no olvidarlo cada vez que la nostalgia idealiza un pasado que, para muchos, fue cualquier cosa menos mejor.