Los clubes que integran la Euroliga se reunieron este martes en Barcelona y sellaron uno de los asuntos más urgentes del baloncesto continental: el formato de la competición para la temporada 2026-27 no cambia. Habrá 20 equipos, temporada regular con 38 jornadas de todos contra todos, fase de play-in, cuartos de final y Final Four. El mismo esquema que se disputa este año. Lo que sigue sin resolverse, y es el asunto que más inquieta al torneo, es si el Real Madrid estará en esa edición.
La reunión dejó claro que la opción de ampliar el torneo a 22 equipos con dos conferencias quedaba descartada. Esa alternativa tenía defensores: reducía la carga física de una temporada regular brutalmente exigente, con semanas de dobles jornadas que desgastan a jugadores y plantillas. Pero también tenía un coste evidente. Menos partidos entre los grandes clubes significa menos audiencia y menos dinero en derechos televisivos y taquillas. El equilibrio entre espectáculo y sostenibilidad económica se ha inclinado por la continuidad.
Hay un matiz relevante en el calendario previsto. La temporada 2026-27 no tiene grandes torneos de selecciones en verano, aunque sí habrá Ventanas FIBA. Eso abre la puerta a adelantar el arranque de la competición, con el objetivo de repartir mejor las jornadas y reducir el número de semanas con dos partidos seguidos. Un alivio menor, pero que los clubes han valorado positivamente.
El Madrid, la gran incógnita
Con el formato resuelto, el foco se traslada a quién jugará esa competición. Y ahí el nombre que domina todas las conversaciones es el del Real Madrid. El club blanco es, a estas alturas, el único de los grandes que no ha confirmado su presencia en la Euroliga 2026-27. El Barcelona firmó hace meses. Otros participantes históricos también. El Real Madrid sigue sin dar ese paso.
La organización de la Euroliga mantiene un tono optimista en público y confía en que los blancos acabarán renovando su compromiso. Pero los plazos se alargan y la incertidumbre tiene consecuencias prácticas: es difícil cerrar calendarios, negociar con televisiones o planificar la logística de una temporada cuando no sabes si va a estar el equipo más importante de Europa.
El motivo de la demora tiene nombre propio: la NBA. La liga norteamericana lleva tiempo trabajando en un proyecto de torneo europeo que pretende lanzar en 2027, y el Real Madrid es uno de los activos más codiciados para darle credibilidad y atractivo a esa competición. Los blancos están escuchando las dos ofertas y, de momento, no han cerrado ninguna puerta. Esa posición negociadora les da margen, pero también genera tensión con la Euroliga, que necesita certezas.
El resto del mapa: Fenerbahce, ASVEL y las dudas financieras
El Real Madrid no es el único caso abierto. El Fenerbahce, otro de los grandes del baloncesto europeo y rival histórico de los blancos, tampoco ha firmado todavía. Sin embargo, el ambiente en torno al club turco es más esperanzador: desde la Euroliga se da por probable su continuidad. Las negociaciones siguen y no hay señales de ruptura.
Distinto es el caso del ASVEL, el club francés vinculado a Tony Parker. Su acercamiento a la órbita de FIBA es un secreto a voces desde hace tiempo, y en Barcelona ya nadie disimula: se da por perdido. El ASVEL parece haber apostado por el modelo que defiende la federación internacional, lo que supone un pulso implícito al formato de Euroliga tal y como existe hoy.
Hay dos situaciones más que merecen atención. El AS Mónaco atraviesa problemas financieros que generan dudas sobre su continuidad en la competición. No es un caso de desacuerdo deportivo ni político, sino de viabilidad económica. Y el París Basketball tiene una vinculación con la Euroliga que expira este verano, por lo que tendrá que negociar una nueva relación antes de que empiece la siguiente temporada. Dos frentes distintos, pero que añaden complejidad a un escenario ya de por sí movido.
Una competición que no puede permitirse la incertidumbre
La Euroliga es hoy la competición de clubes de baloncesto más importante del mundo fuera de la NBA. Su modelo, construido durante años con licencias de largo plazo y clubes comprometidos, ha dado estabilidad a un deporte que históricamente ha sufrido de fragmentación y conflictos de poder entre federaciones y ligas. Ese equilibrio es precisamente lo que está en juego ahora.
La llegada de la NBA al tablero europeo no es una amenaza menor. Si los blancos deciden apostar por ese proyecto, el impacto en la Euroliga sería inmediato en términos de imagen, audiencia y capacidad de atracción de talento. Por eso la decisión del Real Madrid importa mucho más allá del club.
Lo que sí ha quedado claro este martes en Barcelona es que la Euroliga no va a esperar indefinidamente. Los plazos existen, y aunque de momento se alargan, en algún momento habrá que trazar el calendario definitivo de la próxima temporada. El Real Madrid tendrá que decidir. Y esa decisión dará forma, en buena medida, al futuro del baloncesto europeo.