Álvaro Arbeloa se presentó ante los medios en el Allianz Arena con un discurso que mezcla confianza y pragmatismo. El entrenador del Real Madrid, que se mide este miércoles al Bayern de Múnich en los cuartos de final de vuelta de la UEFA Champions League, no quiso hablar de milagros ni de hazañas imposibles. Su mensaje fue directo: el equipo merengue es perfectamente capaz de superar al conjunto bávaro si ejecuta bien su fútbol.
El Madrid llega a Múnich con una desventaja en el marcador global tras el partido de ida, pero Arbeloa subrayó que el resultado no refleja la imagen real del equipo sobre el campo. En su análisis, el técnico recordó que los blancos estuvieron cerca de ganar el primer choque, donde el portero rival fue determinante para evitar la derrota. «Si el otro día ganamos no hubiera sido ninguna locura», señaló, dejando claro que la eliminatoria está lejos de estar sentenciada.
Uno de los condicionantes del partido de vuelta es la baja de Aurélien Tchouaméni, que no estará disponible para el choque en la capital bávara. Arbeloa no quiso revelar su apuesta para sustituirle en el centro del campo, aunque sí apuntó varios nombres con opciones: Eduardo Camavinga, Arda Güler y Federico Valverde aparecen como alternativas en el esquema del técnico. «Sé el once que sacaré mañana y me da confianza», afirmó, descartando cualquier tipo de incertidumbre en la toma de decisiones.
La historia reciente del Real Madrid en competición europea avala la mentalidad con la que Arbeloa enfrenta esta cita. El club blanco ha protagonizado algunas de las remontadas más espectaculares de la historia de la Champions League, y el entrenador apeló a ese legado sin caer en el triunfalismo. «La historia del Madrid se ha logrado a partir de imposibles», recordó, aunque insistió en que el objetivo no pasa por repetir esas gestas, sino por ganar un partido de fútbol con las herramientas disponibles.
El técnico también fue preguntado por las declaraciones de Vincent Kompany, entrenador del Bayern, y por el peso histórico de un duelo entre dos de los clubes con más títulos continentales del mundo. Arbeloa reconoció la magnitud del enfrentamiento, pero prefirió no entrar en comparaciones ni en el debate sobre si este partido puede considerarse una final anticipada. Su foco, insistió, está en lo que el Madrid puede controlar dentro del campo.
En ese sentido, Arbeloa destacó la unidad que percibe en el entorno madridista de cara a este partido. El técnico aseguró que nadie en el club, ni jugadores, ni aficionados, ni directivos, ha dado la eliminatoria por perdida. «Ni un aficionado madridista me ha dicho que no cree», apuntó, en una lectura que refleja el estado de ánimo del vestuario a pocas horas del partido. Según el entrenador, ese respaldo colectivo se traduce en una presión positiva que el grupo sabe gestionar.
El choque entre Bayern de Múnich y Real Madrid está programado para este miércoles a partir de las 21:00 horas en el Allianz Arena. En caso de avanzar, el equipo blanco se mediría en semifinales a uno de los otros clasificados del cuadro europeo. Para lograrlo, el Madrid deberá obtener un resultado que le permita superar el global, algo que, según su propio entrenador, no requiere de ninguna actuación extraordinaria, sino simplemente de sacar el mejor partido posible en el momento más importante de la temporada.
Arbeloa cerró su comparecencia con un tono sereno y sin estridencias. No prometió nada, no especuló con el marcador y no recurrió a grandes declaraciones. Su mensaje fue el de un técnico que conoce bien el contexto, que confía en sus jugadores y que llega a Múnich con la convicción de que el Madrid tiene nivel suficiente para meterse en semifinales sin necesidad de que nadie hable de hazañas o milagros.