Matías Almeyda no ha guardado silencio tras su salida del Sevilla FC. El técnico argentino, destituido el pasado 23 de marzo después de la derrota ante el Valencia, ha hablado abiertamente sobre las circunstancias de su marcha en una conversación con el creador de contenido mexicano Adrián Marcelo. Sus palabras han encendido el debate en el fútbol español: afirma que la dirección del club le comunicó, apenas un día antes de su cese, que seguiría en el cargo hasta el final de la temporada.
El Pelado llegó al Sevilla el pasado verano de la mano de Antonio Cordón, director deportivo que apostó por él para su primer proyecto al frente de la parcela técnica del club hispalense. La apuesta generó expectativas, pero la realidad deportiva fue tortuosa desde el primer momento. Cuando Almeyda fue destituido, el Sevilla se encontraba a tres puntos del descenso; ahora, ese margen se ha reducido a dos. El panorama para el equipo andaluz sigue siendo comprometido en la recta final de LaLiga.
En su relato, Almeyda trazó un paralelismo entre su experiencia en Sevilla y su etapa en el River Plate de la crisis institucional argentina. "Fue algo muy parecido a lo que viví en River en su momento: un club con problemas económicos, problemas políticos y con una afición que espera que el equipo siempre gane, cuando este no estaba formado para pelear por un título, sino para pelear por no descender", señaló el técnico, según recoge la entrevista difundida en los últimos días.
El momento que más le duele, según sus propias palabras, no fue el despido en sí mismo, sino la forma en la que se produjo. Almeyda destacó que nunca antes había vivido algo así en su carrera como entrenador: en todos los clubes donde trabajó anteriormente permaneció dos o tres temporadas, con una relación de confianza y estabilidad. Lo ocurrido en Nervión rompió ese patrón. "Un día antes de que me dijeran que me tenía que ir, me decían que me iba a quedar hasta el final. Esa traición del fútbol es la que no... Eso me duele", afirmó. Y añadió: "Esa gente ya después no me puede mirar más".
El técnico fue contundente también al pedir honestidad en la comunicación dentro del mundo del fútbol. Desde su punto de vista, la lealtad exige claridad: si existe la posibilidad de que un entrenador sea cesado, debe ser informado con antelación y sin ambigüedades, no recibir mensajes de respaldo justo antes de ser apartado. "No vengas a decirme que voy a estar si después me vas a sacar. Dime no sé si vas a estar, entonces te puedo sacar. Si no, es como una doble cara", argumentó.
A pesar del amargor de su salida, Almeyda también reservó un espacio para recordar uno de los momentos más positivos de su breve etapa en el club: la victoria ante el FC Barcelona en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Según el técnico, aquel resultado no fue fruto del azar, sino de un trabajo táctico específico. "Fue un triunfo estudiado. Aprovechamos el momento del juego porque éramos nuevos y no sabían cómo presionábamos, si nos íbamos a animar. Y nos animamos", explicó. Sin embargo, reconoció que aquella inercia positiva no logró sostenerse: "Después se volvió todo un poco más a la realidad y no se pudo".
Almeyda apuntó además que la presión externa, la exigencia del entorno y la situación institucional del club comenzaron a generar dudas dentro del vestuario y el cuerpo técnico, algo que considera determinante en el deterioro de los resultados. En su visión, la incertidumbre paraliza y el miedo a equivocarse lastra más que el propio error. "La exigencia y el momento del club hace que se dude. Si vas para adelante, quedas expuesto. Pero siempre es mejor ir para adelante que para atrás", sostuvo, cerrando sus reflexiones con una frase que atribuye a su padre fallecido.
El Sevilla FC no ha respondido públicamente a las declaraciones de su extécnico. El club atraviesa una de las temporadas más complicadas de la última década, con el equipo luchando por evitar el descenso a Segunda División a pocas jornadas para el final del campeonato. La elección del sustituto de Almeyda y la planificación de la próxima temporada, sea cual sea la categoría, marcarán los próximos movimientos de una dirección deportiva que afronta una presión máxima desde las gradas del Pizjuán.