La tercera temporada de Euphoria lleva semanas siendo noticia por razones que van mucho más allá del entretenimiento. Tras un estreno con críticas encontradas y cifras de audiencia que siguen siendo récord para HBO, el segundo episodio ha disparado la conversación en redes sociales hasta un punto que pocos esperaban. El motivo central: una secuencia protagonizada por Sydney Sweeney en el papel de Cassie que incluye desnudos integrales y que ha sido calificada abiertamente como pornografía por un sector significativo del público y de la prensa especializada.
El arco narrativo de Cassie en esta temporada gira en torno a su conversión en creadora de contenido para OnlyFans, plataforma de suscripción de pago conocida principalmente por material erótico y sexual. La motivación del personaje es concreta: costear un ramo de flores de 50.000 dólares para su boda con Nate, interpretado por Jacob Elordi, después de que este se negara a asumir ese gasto. La decisión de Cassie de monetizar su cuerpo para financiar un capricho de boda es el eje en torno al cual se articula buena parte del episodio y, también, la mayor parte de la controversia.
Las imágenes que han circulado en redes sociales y que han recogido medios como Daily Mail y Variety incluyen a Sweeney lamiendo un helado que se derrite, posando cubierta por una bandera estadounidense mojada y apareciendo completamente desnuda salvo por una gorra de béisbol colocada estratégicamente. Esta última imagen es la que más reacciones ha generado, aunque los críticos señalan que no es la única escena problemática del episodio. La trama de Rue Bennett, interpretada por Zendaya, también recibió atención al explorar el ambiente de un club de striptease con un enfoque que algunos califican de morboso. Además, el capítulo recuperó al personaje de Jules, a cargo de Hunter Schafer, ahora en una relación con un sugar daddy.
La semana anterior ya había habido señales de lo que estaba por venir. En el primer episodio de la temporada, Cassie aparecía disfrazada de cachorra grabando contenido para la plataforma, una escena que generó debate pero que quedó eclipsada por lo que llegó después. El salto cualitativo entre ambos episodios ha intensificado los cuestionamientos sobre la dirección artística de Sam Levinson y sobre el rumbo que está tomando la serie en su conjunto.
El debate sobre la sexualización y el papel de Levinson
Las críticas más recurrentes apuntan en dos direcciones. Por un lado, la fetichización del cuerpo femenino: varios comentarios publicados en redes sociales y recogidos por medios especializados señalan que las escenas de Sweeney trascienden lo erótico para adentrarse en un terreno que consideran explícitamente pornográfico, cuestionando que una actriz con una carrera en ascenso haya aceptado participar en ellas. Por otro, el debate sobre la visión autoral de Levinson: los detractores sostienen que la tercera temporada ha abandonado la exploración psicológica y social que caracterizó a las primeras entregas para sustituirla por una escalada de contenido sexual sin el mismo peso narrativo.
Desde la producción, Levinson ha salido al paso de las críticas con declaraciones que buscan encuadrar las escenas dentro de una lógica artística concreta. Sobre la secuencia del disfraz de cachorra, el director señaló que el elemento que hace especial la escena no es el disfraz en sí, sino que sea la ama de llaves de Cassie quien la está grabando, un detalle que, según él, introduce una capa de absurdo y distancia irónica. "Lo que siempre quisimos encontrar fue esa otra capa de absurdo que pudiéramos incorporar, para no estar demasiado inmersos en la fantasía del personaje; la gracia está en salir de ella, en romper la barrera", explicó el showrunner.
Audiencias al alza pese a las críticas
Más allá del ruido mediático, los datos de audiencia siguen siendo favorables para HBO. La tercera temporada de Euphoria mantiene cifras de récord, lo que sugiere que la polémica, lejos de alejar al público, está funcionando como un imán de atención. Este fenómeno no es nuevo en la historia de la serie: desde su estreno en 2019, Euphoria ha vivido entre la admiración de una parte de la audiencia y el rechazo de otra, con Sam Levinson como figura central de todas las controversias.
Lo que sí parece diferente en esta tercera entrega es la intensidad del cuestionamiento. Si en temporadas anteriores el debate giraba principalmente en torno al consumo de drogas, la salud mental o la representación de la adolescencia, ahora el foco se ha desplazado hacia la forma en que la serie representa a sus personajes femeninos adultos y las motivaciones que los llevan a tomar determinadas decisiones. El hecho de que Cassie recurra a la creación de contenido sexual como solución económica a un problema personal ha abierto un debate más amplio sobre qué está contando realmente Euphoria en su tercera temporada y con qué intención lo hace.
La conversación en torno a la serie no muestra signos de remitir. Con varios episodios todavía por emitir, todo apunta a que el debate sobre el enfoque de Levinson seguirá siendo uno de los temas centrales de la temporada televisiva en curso.