El precio del crudo Brent superó los 94 dólares por barril esta semana, su nivel más alto en meses, después de que las tensiones entre Washington y Teherán volvieran a escalar de forma brusca. El detonante inmediato fue la decisión de Irán de bloquear de nuevo el estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. La escalada llega en un momento en que las negociaciones entre ambas potencias atraviesan su fase más crítica y el calendario diplomático impuesto por Estados Unidos se agota.
El origen de la última crisis está en una disputa concreta sobre el alcance del alto el fuego vigente. Tras un breve período de apertura del estrecho, Teherán volvió a cerrarlo acusando a Washington de mantener el bloqueo de su extremo sur, algo que Estados Unidos justificó argumentando que ese punto no estaba incluido en ningún acuerdo explícito. Para Irán, el gesto estaba implícito en el espíritu del alto el fuego, y lo interpretó como una violación unilateral. La captura de un buque iraní frente a las costas de Omán por parte de fuerzas estadounidenses añadió más leña al fuego y provocó una respuesta directa del presidente iraní, Masud Pezeshkian, quien acusó a EEUU de buscar la rendición de su país.
Donald Trump, por su parte, ha manejado la situación con su estilo habitual de presión máxima: amenazó con bombardear puentes y centrales energéticas iraníes si Teherán no acepta sus condiciones antes del vencimiento del alto el fuego, fijado para este miércoles. Al mismo tiempo, dejó abierta la puerta a una prórroga, aunque calificó de "altamente improbable" una nueva extensión si las conversaciones no avanzan. Esta ambigüedad calculada —característica del enfoque negociador de Trump— genera incertidumbre en los mercados y complica la lectura de los analistas sobre cuál será el siguiente movimiento real de Washington.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, denunció que las acciones y contradicciones de EEUU demuestran "malas intenciones y falta de seriedad en la diplomacia". Pese a todo, Irán accedió finalmente a participar en la ronda de negociaciones prevista, lo que frenó ligeramente el alza del crudo, aunque el mercado sigue valorando el riesgo de ruptura. Según datos de la Agencia Internacional de Energía, cualquier interrupción prolongada del tráfico por Ormuz tendría un impacto inmediato sobre el suministro global, sin margen de reacción a corto plazo suficiente para compensarlo.
El giro de los países árabes
Uno de los elementos más relevantes de esta crisis es el cambio de postura de los países árabes del Golfo. Si en fases anteriores del conflicto estos gobiernos priorizaban la estabilidad económica regional y pedían una desescalada rápida, ahora varios de ellos están adoptando un discurso más duro contra Irán. La Liga Árabe convocó una reunión de emergencia de sus 22 estados miembros para analizar lo que sus fuentes describieron como "la guerra de Irán contra los Estados del Golfo". La cita fue impulsada por Bahréin, país que ejerce la presidencia de turno del organismo y alberga una de las principales bases militares de EEUU en la región.
Este posicionamiento abre la puerta, al menos en términos diplomáticos, a que una eventual operación militar estadounidense a gran escala cuente con mayor tolerancia en el entorno árabe. Varios países del Golfo han pedido ayuda a sus socios de la Liga para reforzar su seguridad, y de forma extraoficial han circulado críticas hacia Egipto —que cuenta con el ejército más grande del grupo— por su falta de implicación activa en el conflicto.
El riesgo se extiende al mar Rojo
Más allá de Ormuz, otros actores regionales ya anticipan que el conflicto podría extenderse hacia nuevas rutas comerciales. El presidente del Yemen, Rashad al Alimi, advirtió este fin de semana de que el apoyo iraní a los rebeldes hutíes representa una amenaza creciente para el tráfico marítimo en el estrecho de Bab el Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y actúa como puerta de entrada al Canal de Suez. Un cierre de este paso obligaría a los buques a rodear el continente africano, con un desvío de entre dos y tres semanas que encarecería enormemente el comercio entre Europa y Asia.
Los hutíes han demostrado en los últimos años una capacidad operativa real, con misiles antibuque, drones y ataques navales que han mantenido en alerta a las misiones occidentales desplegadas en la zona. Si Irán intensifica su apoyo a estos grupos como respuesta a una ofensiva estadounidense, el impacto sobre las cadenas de suministro globales podría ser considerablemente mayor que el derivado del bloqueo de Ormuz en solitario. Los mercados de materias primas ya están descontando parte de ese riesgo en el precio del crudo, y cualquier señal de ruptura diplomática en las próximas horas podría llevar el Brent a nuevos máximos.