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El Marriott de Caracas, cuartel general de EE.UU. en Venezuela

El hotel de cinco estrellas donde se reúnen marines, agentes de la CIA y diplomáticos para gestionar la nueva etapa política del país.

Por Carlos García·sábado, 18 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: El Marriott de Caracas, cuartel general de EE.UU. en Venezue · El Diario Joven

Cada mañana, a las ocho en punto, un grupo de marines baja a desayunar en el JW Marriott de Caracas. Rondan los 30 y 40 años, llevan tatuajes hasta el codo, gorras y camisetas con lemas que, a veces, resultan llamativos en tiempos de Trump. Una de ellas rezaba, la semana pasada, «No war team». Son la parte más visible de una presencia estadounidense que se ha instalado en este hotel de cinco estrellas del barrio financiero de la capital venezolana desde el pasado 3 de enero, cuando las fuerzas especiales de Estados Unidos ejecutaron la operación que culminó con la detención de Nicolás Maduro.

El edificio no llama especialmente la atención desde fuera: 17 plantas de ladrillo, unas 300 habitaciones, piscina, gimnasio y más de mil metros cuadrados de salones para eventos. Un plato en su restaurante puede costar 50 dólares; una habitación, alrededor de 200 si se negocia. Hay, incluso, una tienda de vestidos de novia. No es, en apariencia, el escenario donde se fragua el futuro de un país. Y, sin embargo, así ha sido durante los últimos meses.

Tras la operación del 3 de enero, el JW Marriott —la línea premium de la cadena Marriott International— se convirtió en la sede informal de la nueva presencia norteamericana en Venezuela. La embajada estadounidense llevaba siete años cerrada, desde la ruptura diplomática de 2019, y el edificio había acumulado humedad y moho durante ese tiempo. Necesitaba una rehabilitación integral antes de poder volver a operar con normalidad. Mientras tanto, los diplomáticos, agentes del Departamento de Estado, personal de inteligencia y marines que fueron llegando a Caracas necesitaban un lugar donde instalarse y reunirse. El Marriott ofrecía espacio, discreción y salones con puertas que se cierran.

Un hotel que hizo las veces de embajada

La embajada reabrió formalmente el 30 de marzo, 86 días después de la operación. Pero el hotel no ha dejado de cumplir la función que adquirió en ese periodo de transición. Según fuentes que han participado en reuniones celebradas en sus instalaciones, en sus salones se han sentado algunos de los actores más relevantes de la economía y la política venezolanas junto a interlocutores norteamericanos. Política petrolera, política minera, cambios exigidos al Gobierno de Delcy Rodríguez, iniciativas económicas y seguridad han sido materias debatidas en esas mesas, en paralelo a lo que se decidía en Washington.

«No es un hotel, es el lugar donde se decide la tutela de Venezuela», afirma una de las personas que frecuenta el edificio. «No sé qué precedente hay de un tutelaje americano que se coordine desde un hotel», añade la misma fuente. Se trata, en todo caso, de un escenario sin parangón claro en la historia reciente de la influencia exterior en América Latina, donde la presencia de Washington solía canalizarse a través de vías más institucionales o, al menos, menos visibles.

La paradoja de un espacio abierto

Lo que distingue al Marriott de una instalación diplomática o militar convencional es que sigue siendo un hotel abierto al público. Por su recepción entran y salen equipos de fútbol, empresarios venezolanos y extranjeros, periodistas, funcionarios de paso y turistas que aún no terminan de entender qué está ocurriendo en el país. Esa mezcla convierte el edificio en un espacio peculiar: hay ojos y oídos por todas partes, pero también una circulación de personas que le da una apariencia de normalidad que ninguna sede diplomática podría ofrecer.

Los propios huéspedes ligados a la presencia estadounidense apenas salen del hotel. Su rutina, según quienes los han tratado, se limita al trayecto entre el Marriott y la embajada, ahora ya reabierta. Los venezolanos que en alguna ocasión los han invitado a comer fuera del edificio describen el fenómeno como «cabin fever»: la claustrofobia psicológica de quien lleva semanas confinado en el mismo espacio sin apenas contacto con el entorno. Dominan Caracas, en cierto sentido, sin llegar a pisarla de verdad.

Venezuela vive desde enero una transición política de alcance incierto. El chavismo, que gobernó el país durante más de dos décadas, aparece hoy parcialmente sometido a una dinámica marcada en gran medida por Washington. Según información disponible sobre el proceso político venezolano, el país atraviesa una reconfiguración de poder cuyas consecuencias a medio plazo siguen siendo difíciles de prever. Lo que sí está claro es dónde se están tomando algunas de las decisiones más relevantes de este proceso: en un hotel de ladrillo de 17 plantas, con piscina, gimnasio y tienda de trajes de chaqueta, en el barrio financiero de Caracas.

A medida que pasan los días y la embajada retoma su actividad formal, la pregunta que sobrevuela el edificio es qué viene después. Quienes frecuentan el Marriott reconocen que el plan a largo plazo no está del todo definido. Por ahora, los marines siguen bajando a desayunar a las ocho de la mañana.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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