La gestora sueca EQT ha cerrado la que considera la mayor operación de plusvalías de la historia del capital riesgo. La venta progresiva de sus acciones en Galderma, la empresa suiza de dermatología y cosmética médica, ha generado un retorno de 20.000 millones de dólares —unos 17.000 millones de euros— para su octavo fondo de capital riesgo y sus coinversores. Entre ellos figuran un fondo soberano de Abu Dabi, GIC de Singapur y el plan de pensiones canadiense PSP Investments.
Per Franzén, consejero delegado de EQT, lo ha descrito sin ambages como "la mayor ganancia de capital de un solo fondo en la historia del private equity". Si los números cuadran, el récord anterior lo tenía Blackstone con la cadena hotelera Hilton: el fondo estadounidense obtuvo en torno a 14.000 millones de dólares tras comprar la marca en 2007, reestructurarla durante la crisis financiera, sacarla a Bolsa en 2014 y vender el resto de su participación hasta 2018.
Cómo se construyó el retorno
EQT entró en Galderma en 2019, cuando Nestlé vendió la compañía al grupo sueco tras decidir centrarse en su negocio alimentario principal. Desde ese momento, la gestora apostó por desarrollar la firma en un segmento —la dermatología estética y médica— con un fuerte viento de cola demográfico y de consumo. El resultado fue una salida a Bolsa en el mercado suizo en 2024 que marcó el inicio de la desinversión.
Desde la colocación inicial, la cotización de Galderma se ha triplicado. EQT y sus socios fueron vendiendo participaciones de forma escalonada: primero cedieron un 20% de las acciones a L'Oréal, la multinacional francesa de cosméticos, y el mes pasado ejecutaron una colocación acelerada del último 14% restante entre inversores institucionales por 4.900 millones de francos suizos, equivalentes a unos 5.350 millones de euros. Con esa operación, completada en marzo, se cerró definitivamente la desinversión.
En términos de múltiplo sobre la inversión inicial, el fondo multiplicó su capital por 4,3 veces. Es una cifra sólida, aunque en el sector ha habido operaciones con multiplicadores superiores. Lo que convierte a Galderma en un caso histórico no es tanto el múltiplo como la magnitud absoluta del retorno, derivada del tamaño de la inversión y del crecimiento del valor de la empresa.
El contexto del mercado: una excepción que confirma la regla
La operación llega en un momento complicado para el capital riesgo en Europa. Los fondos de private equity llevan varios años con dificultades para desinvertir: las salidas a Bolsa son escasas, las valoraciones han caído desde los máximos de 2021 y los compradores estratégicos son más selectivos. En este entorno, el caso Galderma es precisamente eso: una excepción.
Franzén aprovechó la presentación de resultados del primer trimestre para utilizar la operación como argumento de credibilidad frente a inversores y analistas. La describió como la demostración del modelo de EQT en acción: identificación diferenciada de activos, equipos directivos de primer nivel y capacidad de ejecutar operaciones complejas en los mercados de capitales.
La acción de EQT subió un 1,4% en la Bolsa de Estocolmo el día del anuncio, aunque en lo que va de año acumula una caída del 9%. Los inversores siguen evaluando los riesgos de su cartera, incluida la exposición a la inteligencia artificial. Para calmar esas dudas, la gestora aclaró que solo el 14% de sus fondos de capital riesgo está invertido en empresas de software, y que estas se centran en clientes corporativos y tecnología crítica, no en modelos de negocio directamente amenazados por la IA generativa.
La huella de EQT en España
Más allá de Galderma, EQT gestiona en España una cartera significativa de activos. Acaba de cerrar la adquisición de Urbaser, la empresa de gestión de residuos urbanos. Además, tiene participaciones en empresas tan conocidas como Zelestra, Parques Reunidos, Idealista, la Universidad Europea, Coches.net, Freepik o Perk, lo que convierte al grupo sueco en uno de los fondos de capital riesgo con mayor presencia en el tejido empresarial español.
El caso Galderma refuerza la posición de EQT como una de las gestoras de referencia en Europa y añade un hito difícil de superar en los anales del sector. Para los fondos que todavía buscan salida a sus participadas en un mercado poco receptivo, el éxito sueco ilustra que la receta sigue siendo la misma: entrar en el momento adecuado, construir valor operativo real y tener la paciencia —y el músculo financiero— para esperar la ventana de salida óptima.