La ambiciosa carrera por dominar el campo de la inteligencia artificial está llevando a las mayores compañías tecnológicas estadounidenses a incurrir en una deuda sin precedentes, generando una creciente inquietud entre los inversores. Estos días, el mercado analiza con lupa los resultados de empresas clave como Microsoft, Meta y Amazon, buscando claridad sobre el volumen de inversión en IA, cómo se está financiando y cuándo comenzarán a materializarse los beneficios tangibles. Sin embargo, las primeras señales, como las de Alphabet, sugieren que estas inversiones requieren financiación externa masiva y aún no reportan ganancias significativas, lo que provoca un flujo de caja negativo en estas corporaciones.
Esta incertidumbre ya se refleja en la cotización bursátil del sector tecnológico, pero es en el mercado de deuda donde las tensiones son más patentes. El coste de los bonos emitidos por los grandes operadores de centros de datos para IA, conocidos como híper-escaladores (Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle), ha experimentado un aumento notable. Según análisis de Goldman Sachs, el diferencial anual de sus títulos a 30 años se ha ampliado de 20 a 60 puntos básicos este año en comparación con otros emisores. Apple, al no estar tan inmersa en esta dinámica de inversión en infraestructura de IA, se mantiene al margen de este ajuste.
La percepción de riesgo también ha escalado. Expertos de Société Générale señalan que el coste de los seguros de impago para este sector a cinco años (los Credit Default Swaps o CDS) se ha triplicado, pasando de 30 a 90 puntos básicos. Esta desconfianza se tradujo, por ejemplo, en la última emisión de bonos de Amazon el pasado 7 de julio, donde la demanda apenas superó 1,6 veces la oferta de 25.000 millones de dólares, muy por debajo de la media de 3,5 a 4 veces registrada en colocaciones anteriores de tecnológicas, según datos de Citi Research.
La magnitud de la deuda y sus implicaciones
La escala de financiación necesaria para esta expansión en IA es monumental. Goldman Sachs estima que, solo entre Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle, la emisión de deuda alcanzará los 250.000 millones de dólares en 2026 y otros 400.000 millones en 2027. Para el período comprendido entre 2028 y 2030, la cifra de financiación externa podría sumar 1,3 billones de dólares adicionales. Esto significa que, entre 2026 y 2030, el sector requerirá algo más de 2 billones de dólares en deuda, una cantidad que solo cubrirá un tercio de sus necesidades de inversión total, debiendo el resto provenir de la generación de caja de sus propias operaciones. Para ponerlo en perspectiva, esta cantidad supera con creces la totalidad de la deuda pública de España en la actualidad.
Los analistas prevén que los inversores en bonos no podrán absorber todo este volumen de deuda, lo que obligará a las empresas a buscar fuentes de financiación alternativas, como préstamos bancarios y fondos de crédito privados. Adicionalmente, Moody's ha advertido sobre los compromisos de arrendamiento de centros de datos, que suman otros 1,2 billones de dólares para el sector, añadiendo una capa más de complejidad a su balance.
Impacto en el ecosistema y camino a seguir
Estas preocupaciones sobre la viabilidad a largo plazo de las inversiones en IA sin beneficios inmediatos ya están afectando a empresas del sector de semiconductores, que son proveedoras clave de los equipos necesarios para estos centros de datos. La cadena de valor completa de la IA se ve, por tanto, interconectada y expuesta a la salud financiera de estos gigantes tecnológicos. La apuesta estratégica por la inteligencia artificial es una inversión a largo plazo que implica el desarrollo de infraestructuras complejas, investigación y desarrollo intensivos, y la captación de talento altamente especializado. Es un camino que demanda capital significativo, y las empresas están convencidas de que es indispensable para mantener su liderazgo en el futuro digital.
Para tranquilizar al mercado y a los inversores en la presentación de sus próximos resultados, las empresas tienen principalmente dos vías de actuación, según Goldman Sachs. La primera sería moderar el ritmo de sus inversiones, lo que aliviaría la presión sobre el mercado de deuda al reducir la necesidad de nuevas emisiones. La segunda, y más deseada por los inversores en renta variable, sería demostrar una rápida generación de beneficios operativos a partir de las inversiones ya realizadas en IA, lo que impulsaría directamente sus cotizaciones. El equilibrio entre una visión a largo plazo y la exigencia de rentabilidad a corto será clave para la estabilidad del sector.